El amor en los tiempos del cólera

Gabriel García Márquez

Guillermo del Campo
Fecha: 14 de agosto de 2021
Categoría: Mis mejores

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.” Aunque esta frase pertenece a Cien años de soledad, resume mucho del estilo propio de escribir del autor que también aparece en El amor en los tiempos del cólera. «Había de recordar» no es exactamente lo mismo que «recordaría» o que «recordó». Es mucho más correcto que el condicional y expresa a la vez un fatalismo ajeno a las otras formas verbales que resulta muy sugerente.

El amor… está escrita en el mismo tono sosegado de otros libros de Gabriel García Márquez con similares saltos de unos a otros personajes pero con un número de ellos más reducido. O, mejor, entre los muchos personajes que aparecen, destacan más los dos o tal vez tres protagonistas principales. Ellos van tejiendo una historia que para mí es mucho más interesante que la de los Cien años pues uno casi puede poner caras conocidas Fermina Daza o al doctor y, a la vez, volar con ellos por esas ciénagas disfrutando de un vocabulario maravilloso sin que ello dificulte en absoluto la lectura. Un vocabulario que el autor toma de su entorno lo mismo que lo inventa para el caso, como cuando un hidroavión acuatiza; allí hay debe haber agua de sobra para no tener que ir a amarar. Difícilmente puedo imaginar un premio Nobel más que merecido por más que la academia sueca destacara de él lo que menos me gusta: el lado fantástico.

La poética de El amor en los tiempos del cólera podría confundirse con la magia pero en realidad no es sino la mejor descripción del amor en toda circunstancia: la rutina, la pasión, el desencuentro, la conveniencia, la juventud, el ocaso, el sexo… La narración de García Márquez no se basa en lo poético pero lo tiene. Encadena sucesos de la misma manera que Almudena Grandes hila sentimientos o Javier Marías enlaza pensamientos. Pero tanto que acontece y la forma de contarlo en cada línea, en cada palabra, evoca con nitidez mucho más de lo que pasa. Porque no es lo mismo «había de recordar» que «recordó» y porque con sólo fijarnos en la riqueza, y en la delicadeza, de las formas con las que se refiere al amor más carnal sale todo un catálogo de cómo escribir bien.

Cuando desde el Portal de los Escribanos Florencio Ariza escribe como enamorado y se contesta como enamorada, y resulta que él acaba siendo padrino de los hijos de las parejas a las que ayuda, desconocemos el contenido de las cartas. La poesía debía estar en ellas pero no por eso dejamos de toparnos con otra forma de amor, una más, tan bonita que pudiera parecernos inventada, mágica. También en El cielo de Lima  aparecían escribanos de este tipo; tenía razón García Márquez cuando afirmaba que siempre escribió sobre cosas reales. Aunque se le valore por lo que se ha dado en llamar realismo mágico, su mérito no está tanto en su imaginación como en su memoria. Y su magia, en la forma de traspasar al papel un mundo entero y que a nosotros se nos antojen cien.

*Novela literaria

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