Relectura que, por lo que veo, hago con cierta periodicidad pues es la sexta vez que leo el libro en treinta años, en esta ocasión una edición facsímil con el manuscrito del autor. Me encanta empezar un libro con la seguridad de que me va a gustar. Nadie se extraña de que guste escuchar un disco muchas veces. Incluso de ver una película varias veces y lo mismo me pasa a mí con los buenos libros.
Comienza la historia nostálgica y profunda con un lenguaje riquísimo a un ritmo ameno, más de descripción rural que de narrativa de sucesos. Cuando esto podría empezar a resultar monótono el autor va dando entrada a anécdotas y travesuras que recuerdan a Guillermo Brown y a D. Camilo y que aligeran el relato. Uno empieza a tener la sensación de que en eso se va a quedar la novela, en una mezcla de nostalgia y chascarrillos bien contados, cuando sorprende un duro final que da sentido al conjunto y nos devuelve al principio.
Es curioso comparar el tono sencillo y directo que usa Delibes al narrar hechos muy importantes de la novela, el principal le requiere apenas media docena de líneas, con el que usa Javier Marías que necesita para lo mismo decenas de páginas. Sin embargo, nada del regodeo de sensaciones que describe Marías se pierde con Delibes. El autor va deslizando información de manera sutil, con el uso perfecto de las palabras y sus connotaciones, sus mensajes implícitos, con sucesos y descripciones aparentemente intrascendentes de suerte que cuando se hace necesario el lector ya está en condiciones de sentir lo que siente el protagonista. Si éste tiene miedo, miedo. Si vergüenza, vergüenza. Si tristeza, tristeza. Sin sensiblería, sin reivindicación, sin el maniqueísmo que aparece en otras autoras que por tener más intenciones se echan a perder. Sencillo y humano.
Sorprendente que no se haga pesada la profusión de comas que emplea Miguel Delibes machaconamente. Al contrario, facilita la lectura y con los motes personaliza unos nombres que de otro modo serían más neutros. En mi caso me admira que la novela fuera escrita del tirón, a capítulo por día. Quiero pensar que antes habría una estructura más o menos pensada pero aún así me parece impresionante. He visto algunos de los párrafos eliminados del manuscrito y por lo general son tan buenos como los que han quedado. Quizá pueda decirse que aportan poco, eso sí. Y es que, como dice Delibes, muchas novelas son malas no por lo que tienen sino por lo que les sobra. En este caso, poco puede ya sobrar pues es difícil ser tan sencillo y escueto a la vez que tan preciso y rico como en El camino.
*Novela literaria
