Bonita novela, original, tranquila, elegante, muy francesa. Como varias de las películas francesas que recuerdo. Me gusta el aire francés de todas ellas, a medio camino entre cosmopolita y rural, entre sofisticado y sencillo. Además, habla de libros, también como alguna otra novela francesa que me ha gustado. Me gustan los libros que hablan de libros aunque en este caso apenas conozco ninguno. Y me gustaría leer, si existiera, Nostalgia de lo posible, de Tabucchi, cuyo título inspira el que me parece el mejor momento de la novela mezclando la petición de un libro con los sentimientos del librero. Aunque tiene alguno más como la reflexión acerca de la facilidad con la que las vidas se entremezclan y se separan, facilidad que se refleja muy bien con Lauren, Laurent y Dominique.
Escrito con un lenguaje sencillo, sólo me sobra algún galicismo desconocido para mí, usa capítulos cortos que muchas veces empiezan por el final. Eché de menos una descripción más precisa de los personajes que al transcurrir las páginas actuaban de manera poco apropiada a como los había ido imaginando. Quizá sea un recurso que ayude a reflejar lo que puede suponer buscar a un perfecto desconocido, pero no me da esa sensación. Me gusta el personaje de Chloe, que posiblemente por tratarse de alguien de carácter queda más perfilada. Y me gusta mucho esa forma de enlazar los diálogos seguidos entre el texto, sin guiones ni puntos y aparte, que rompen tanto la narración. Sin llegar a los extremos de Saramago, lo cierto es que me parece más agradable la lectura seguida en la que los pensamientos, diálogos cortos y resto del texto se entremezclan como también hace Marías. Sin embargo me molestaron un poco esas penúltimas páginas escritas en forma de diario. ¡Si íbamos bien como íbamos! Con todo, esas reflexiones casi ajenas a la narración, como lo de la nostalgia, los consejos del médico, son lo mejor de la lectura. Otra cosa que me gusta es que no sobra nada. Cada personaje cumple su papel a la perfección y no se limita a rellenar páginas para despistar como sucedía en Berta Isla.
El título no me parece muy atractivo, la portada, menos. Tal vez me habría gustado más la chica del cuaderno rojo porque libreta es una palabra tan fea… Pero entonces la librería tendría que cambiar de nombre. En todo caso, hemos empezado bien el año con Antoine Laurain.
*Novela literaria
