Me la recomendó mi amigo Alfonso, capaz de recomendarme desde lo mejor a lo regular. En este caso, de lo mejor, sin duda. Y dentro de lo mejor, el prólogo. Creo que nunca leí uno que me gustara más.
Es una novela que, comenzando desde un ángulo casi social, va derivando hacia una trama emocionante muy cinematográfica. El final llega a enganchar mucho pero desde el primer momento uno se encariña con los personajes. Éstos van ganando en profundidad conforme avanza la trama y no dejan de hacerlo en ningún momento. Sin darte cuenta, en paralelo con la historia principal, cada personaje se va significando de modo que el libro no sólo remata muy bien la trama sino también las diferentes semblanzas. Entremedias se plantean preguntas interesantes como ¿los malos saben que son tan malos o se ven de otra manera? Cuestión que resulta verdaderamente fundamental cuando los que se creen buenos traman el desquite.
He de aclarar dos cosas: una evidente desde el principio y es que se trata de una novela argentina escrita en argentino. Eso puede resultar algo molesto al principio, cuando uno ignora parte del vocabulario y se encuentra extraño tomando los turrones a la sombra por el intenso calor. Es curioso porque, en cambio, al leer La tregua, de Benedetti, no encontré apenas dificultades con el uruguayo.
La otra aclaración, complementaria con la anterior, es que uno cree estar escuchando a Ricardo Darín al leer los diálogos porque Eduardo Sacheri, además de argentino, es también el autor del libro que sirvió de base para la película El secreto de sus ojos. Yo no lo supe hasta después de acabar el libro pero no me sorprendió demasiado; ya dije que la novela era muy cinematográfica. También en la película tuve dificultades para entender algunos diálogos rápidos.
Considero El secreto de sus ojos una gran película. Desconozco el libro porque procuro evitar mezclar ambas disciplinas: tiendo a pensar que si conocí la película y no el libro, posiblemente sea porque merezca más la pena la primera y lectura pudiera decepcionarme. De la misma manera, cuando La noche de la usina llegue a exhibirse en las salas, yo probablemente me ahorraré la entrada para evitar descubrir que el amigo Perlassi no es como yo lo imaginé.
Aunque creo que no son muy comparables, La noche de la usina tiene algunos de los ingredientes de El secreto de sus ojos: buena trama y buenos personajes aunque reconozco que no me enamoré de los ojos de nadie en la usina.
Una última cosa más que indagué antes de empezar la lectura: una usina es, por lo visto, una gran nave industrial. No sé si en Argentina esa palabra es común pero, de serlo, tal vez el título debiera haberse traducido por La noche de la Central.
*Novela de intriga
