Está claro que tras la mala racha de lecturas me convenía asegurar el tiro y qué bien he hecho. Las relecturas, y más si son tan estupendas, no fallan. Tercera novela que remata el ciclo del drama rural, cada una a su manera. Las tres cortas, las tres insuperables, las tres tremendas.
Delibes prefiere usar nombre con mote (Paco, el Bajo. Daniel, el Mochuelo) donde Cela pone nombre (Pascual, Rosario) y García Márquez nombre y apellido (Santiago Nasar, Plácida Linero). Con estilos muy diferentes, Delibes se complace en retratar el campo como tema principal aunque le superponga la historia dramática. En García Márquez es al revés y Cela casi también aunque en menor medida.
La redacción de Delibes, tan cuidada siempre, aquí añade un habla popular que resulta magistral. Un habla que aún me suena de antiguo y que hace muy vívidos los pasajes. Comienza con Azarías, atropellándose deslavazado, como es el personaje. Luego cambia al tono de cada uno de modo que parece que les estés oyendo. Nada choca, todo es natural. Desde el “señorito” para dirigirse a Iván hasta el “no me seas maricón” que repite éste.
Delibes también resuelve la historia en media docena de capítulos pero aquí la narración es más intemporal, más descriptiva. Aunque en cada capítulo hay algo que engancha y que te hace leer casi del tirón. Eso lo hace muy bien Delibes: atrapa al lector con pequeñas cosas mientras le introduce en un ambiente que, para tantos, resulta ajeno. Así se encuentra devorando una novela que si se la contaran previamente tal vez ni empezaría.
Tiene la novela su película que contra mi costumbre también he visto y que es magnífica en sus mejores momentos aunque tenga alguno que sobre. Es curioso que el haber visto la película proporcione una pátina de cultura para quienes su libro anual no pasa de Pérez Reverte. Así pueden escandalizarse sin esfuerzo de los señoritos de la época. Dime de qué presumes…
*Novela literaria
