Hay matrimonios que saben transmitir a sus hijos lo fundamental a pesar de todos los pesares y Elvira Lindo tuvo la suerte de recibirlo de sus padres, sin duda alguna. Cabe esperar que no todos los matrimonios, por felices que parezcan, sepan hacerlo. Lo que es más curioso es que haya algunos que no pareciendo felices, sí sepan.
Elvira Lindo tuvo esa suerte, conozco a algunos más, de recibir de sus padres el amor incondicional que tanta fortaleza te da en la vida. Un amor que, además, te será más fácil recrear con otras personas o con tus hijos. (A amar se aprende de pequeño, como a andar). El libro rezuma ese amor cuyo valor está en lo de incondicional. No oculta los defectos ni de sus padres ni algunos propios. No oculta los fracasos pero prevalece, ante todo, un cariño inmenso. No sólo ése que cuenta de Chèjov, desarrollado hacia un padre que llegó a considerar imposibilitado de otras cosas. Es un amor que no necesita de la caridad, limpio, puro, sin engaños. Y, de la misma manera, hay escritores que saben transmitir lo fundamental al lector. La página 300 es un magnífico ejemplo.
En esa especie de biografía sincopada de los padres de la escritora se entremezclan los narradores, generalmente ella misma pero desde puntos de vista algo diferentes, y se insertan otros familiares. Hermanos, alguno casi desaparecido, el marido, la abuela, muy presente por desgracia… pero ni siquiera para retratar a ésta se cae en el desamor. Esta Elvira debe ser una buena pieza, efectivamente.
Es un libro que se lee fácilmente, con párrafos y capítulos que permiten detener la lectura, sin mayores pretensiones (que ya es decir) pero que llega hondo. Tanto como la autora ha debido bucear para escribirlo. Por eso, y por otras cosas, tiene un título tan apropiado. He echado de menos más madre, de la que ni he llegado a saber el nombre (tal vez no me fijé) y me sobró quizá algún capítulo muy autobiográfico porque lo que me interesaba de verdad eran sus padres. También pensé que el cuento final escondería alguna sorpresa con la que cerrar el círculo. Pero son minucias porque, lo reconozco, me ha llegado al alma incluso a pesar de que me identifico poco con lo que cuenta, lo que aún me parece más difícil.
*Sucedido
