Teniendo en cuenta que La uruguaya, con algo más de cien páginas, era toda una novela, no es de extrañar que buena parte de los cuentos que componen este libro tengan menos de ocho páginas. Parece que a Mairal le cuesta enrollarse. Y es una pena porque tiene gancho y escribe bien pero aquí se queda en poca cosa.
Mairal agrupa los cuentos en dos partes, la primera de ellas más o menos monotemática acerca de la infidelidad y la segunda algo más variada. Quizá debió mezclar los cuentos porque se haría más ameno y, en todo caso, ambas partes adolecen de los mismo: podría haberse trabajado algo más cada relato. No es que le falten páginas, que le faltan, sino que debiera haber definido un poco más, recrearse con la idea. Me quedo con la sensación de que de muchos de los cuentos habría podido salir otra magnífica uruguaya y, sí, no tendría sentido haber escrito veinte uruguayas pero tampoco escribir veinte esbozos de lo mismo, que es el caso.
Aparte de “lo único” hay algún otro relato de temática diferente y algún experimento que tampoco me acaba de convencer como Amazonia. Sigue teniendo la virtud del argentino, esa facilidad que han debido tomar del inglés para hacer verbos de cualquier cosa (carnear, que debe ser trabajar la carne). Quizá “El nieto del viejo Pintos” sea el relato más conseguido. Al menos es el que sí veo que se cierra en sí mismo y no requiere de mucho más pero el resto la verdad es que sabe a poco y no porque se quede uno con ganas de más sino por simplemente insulso.
*Relatos
