El invierno del dibujante

Paco Roca

Guillermo del Campo
Fecha: 26 de diciembre de 2020
Categoría: Sin categoría

Paco Roca, aunque parezca que le pese, es un genio del tebeo. Su dibujo es detallista, sugerente, lleno de viñetas que además de expresivas resultan estéticamente brillantes. Es verdad que tiene pocos registros a la hora de representar personajes distintos pero eso lo compensa con creces con en el cuidado con el que trata el entorno. Y manteniendo como un descuido que le aleja del preciosismo sin llevarle a lo simplón. Baste ver la portada de este magnífico tebeo: qué bonito juego de colores en el gris invernal, qué detalle en el tranvía o en el quiosco y qué trazo tan suelto en los reflejos sobre el pavimento. Cómo se plantean tres planos, el de los dibujantes en alegre marcha, el del tráfico con el guardia de detrás, y el fondo arquitectónico que deja un vacío en el centro para perderse. Verdaderamente magnífica.

Como guionista Roca no es tan bueno pero aquí, quizá por lo que le atañe la historia, se esmera y saca de donde no hay. O de donde habiendo, resulta casi imposible contar algo que valga la pena. Un año de unos dibujantes que intentaron independizarse de su editorial y montar su propio tebeo. No creo que con eso en Hollywood le fueran a quitar de las manos el guión precisamente. Pero Paco Roca consigue sacarlo adelante con notable interés. Y, por si fuera poco, sin caer en el juego de buenos y malos, reflejando a personas con sus claroscuros. Desde los de Bruguera hasta Vázquez pasando por los cinco dibujantes, todos tienen sus luces y sombras. El tal González no deja de aconsejar al gran Mora que no abandone su vocación… y menos mal que le hizo caso!

Con algo aparentemente tan neutro Paco Roca saca un tebeo que me parece sensacional. Hasta teniendo el final destripado sigue manteniendo el interés intercalando páginas de dos épocas diferentes hábilmente señaladas mediante un color de fondo muy sutil.

En Los surcos del azar y en El Cisne Negro había mucho que contar y resultaba más fácil. Aunque en Los surcos daba demasiado por sentado y se conformaba con presentar un mal sueño como si eso justificara lo que no contaba. Pero mientras en El Cisne apenas le cabía todo, en El Invierno deberían sobrarle páginas y, sin embargo, uno se queda deseando que no se acabara nunca.

Paco Roca sigue, como tantos, negando la palabra tebeo por considerarla peyorativa. La Regenta y Cáscara de nuez pueden ser, ambas, novelas y no pasa nada. En Bruguera sólo negaban al tebeo por motivos comerciales, que tiene más lógica. Pero su editor, con algún año más, la usa con orgullo, como algo nuestro, propio, que marcó una época sin complejos. Ya sabíamos que un Tío Vivo no era lo mismo que un Tintín o que un Azañas Bélicas pero lo importante no eran las diferencias, que las había, sino lo que los unía: disfrutar leyéndolos.

*Tebeos

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