La regata

Manuel Vicent

Guillermo del Campo
Fecha: 12 de enero de 2021
Categoría: Sin categoría

Ya me ha pasado más veces que eso de repetir con un escritor no da el resultado esperado. En este caso, la ventaja era que no había en juego grandes esperanzas porque Manuel Vicent fue uno del que me habían gustado algunas cosas nada más. Y vuelve a pasarme lo mismo corregido y aumentado: Si en Ava en la noche no veía muy clara la trama que pretendía contar aunque valoraba en mucho cómo la contaba, aquí la historia es un puro camelo, incluso una estafa, y la forma de contarla, sin estar mal, adolece de bastantes defectos.

La contraportada ya anuncia, para quien se la lea, el primer capítulo: una repentina muerte en circunstancias escandalosas va a trastocar una regata de la alta sociedad. No está claro si hay misterio o sólo escándalo pero lo que uno no espera es que no haya nada de nada. Salvo por un parrafito al final del libro, los afectados por la esa muerte ni se tratan con los de la regata. Más parece una excusa para poder poner algo que venda en la contraportada que un suceso que guarde la menor relación con el resto. Claro que luego hay un infarto, una patera con más muertos y un ministro corrupto acosado por un fotógrafo que tampoco tienen más importancia que un par de páginas en cada caso. Es como si lo que Vicent quería contar, la regata, no tuviera tirón suficiente alguien le hubiera metido con calzador unas cuantas anécdotas que le aportaran sal a la novela.

En realidad la novela cuenta una travesía en barco de varios amigos, cosa que la buena prosa del autor podía haber sacado adelante si no fuera por los excesos con el vocabulario marinero, el aire de guía de viajes al enumerar tantos topónimos y curiosidades y ese regusto a Enid Blyton con tanta comida descrita con pelos y señales. En algún caso viene hasta la receta. Por si fuera poco, al menos en la guía de viajes comete algún error y tiene algunas comparaciones bastante forzadas.

¿Entonces no lo recomiendas? Bueno, tengo que reconocer que si aceptas los defectos ampliamente enumerados antes, el libro se lee bien y tiene algunas cosas bonitas. Al menos para mí, que me gustan los barcos y que algo me suena de toda esa música. También tiene, sobre todo al principio, un cierto humor socarrón que está bien. Me recuerda a Garras de astracán, de Terenci Moix, menos exagerado y más literario. Es una novela agradable en la que de nuevo me quedo con ganas de que el autor deje de sobrevolar los temas y aproveche mejor su talento. Pero de la que difícilmente recordaré algo dentro de un mes.

*Novela literaria

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