Cuando leí Ava en la noche, me interesé por Manuel Vicent con algunas dudas que La regata no acabó de despejar. Con El azar de la mujer rubia ya lo tengo claro: no me interesa nada este tipo de literatura en la que lo formal es simplemente correcto y lo que cuenta tiene escaso interés o, como en este caso, no tiene ninguno.
La trasera de El azar de la mujer rubia dice que aborda la historia de la España postfranquista desde la sátira y se fija en los años de la Transición. En realidad abarca desde poco antes de esos años hasta el final de la época de Aznar pero no es exactamente una historia de esa España sino una recopilación de críticas a todo el espectro que va de Franco a Rajoy. Críticas que tienen mucho más de prensa rosa que de literatura. Si siempre digo que la novela histórica se toma excesivas licencias qué voy a decir de un engendro que se escuda en el alzheimer de Suárez para mezclar detalles más que conocidos con sueños surrealistas. Lo que se dice satírico tiene más de sueño húmedo de un crítico de izquierdas. Como artículos en El País tendrían su gracia. Se pondrían en línea con la reinterpretación que se pretende hacer de la Transición en estos últimos años por lo que pudiera pasar. Como libro, incluso como novela, no vale nada. Hasta la rubia del título estaba más que descubierta y se nota que el autor habla de oídas como otras veces. Muy de oídas: nadie llama pantano de pesca al mar de La Granja, Mallorca jamás tuvo torteles de nata y la iglesia de la Asunción no está en el barrio de Salamanca.
*Novela literaria
