Un anciano del sur rural italiano que ha de irse a vivir con su hijo, nuera y nieto a Milán. La historia podría dar incluso para una comedia pero resulta ser mucho más tierna, quizá de más. Con esa costumbre tan extendida de referirse en diminutivo a todo lo relativo a los bebés, éste no sólo tiene deditos o calza botitas sino que hasta duerme en una alcobita…
En realidad La sonrisa etrusca tiene mucho parecido en sus tesis a Imposible. En ambos se establece un diálogo-monólogo que contrasta los ideales que sostuvieron a un hombre durante muchos años con los tiempos actuales. Sin embargo, La sonrisa etrusca está lejos de todo amago de ensayo, es novela pura. Para mí era una relectura interesante: la leí en los ochenta, cuando el éxito de José Luis Sampedro, en una época en la que yo comenzaba a leer algo más que novelas de aventuras o policiacas. Es la época en la que descubrí a Delibes, con Los santos inocentes, a Eco, con El nombre de la rosa, a Allende con La casa de los espíritus y a varias novelas más de Sampedro. Delibes me entusiasmó y nunca me defraudó, Eco me gustó y nunca más lo hizo, Allende me gustó mucho y después hubo de todo. Sampedro no me entusiasmó pero como la crítica lo valoraba tantísimo probé también con Octubre, octubre, con La vieja Sirena y con Real Sitio, sin llegar a convencerme nunca. Ahora, al releerlo, revisaba mis opiniones de aquellos años.
Sin duda me ha gustado ahora más que entonces. Pero sigo sin entender las exageradas alabanzas que recibió habiendo entonces cosas mucho mejores que no caían en tantas redundancias como La sonrisa etrusca, que tenían mejor prosa y no eran tan empalagosas. Para empezar, los personajes de la novela carecen del menor defecto en una situación que debía generar muchas más tensiones de las que se cuentan. Luego, esa épica en los pensamientos del abuelo que toma la “alcobita” como si fuera Montecassino una y otra vez y que resulta muy repetitiva. Por último, un abuso tremendo de los hipérbatos que se hace muy cansado: el crespo pelo, el huesudo puño, la carnal arcilla, la cerrada puerta… resulta agotador.
Con todo, hay muchas cosas bonitas en el libro. Frases como que “ella escucha todas mis palabras, hasta ésas que nada más las pienso.” La salvación que supone Salvatore para cada uno de los restantes personajes resulta un desenlace agradable. Ver cómo unos y otros van mirando desde otros puntos de vista. Quizá lo más interesante sea la reflexión de Hortensia que, cuando Salvatore se lamenta de no haberla conocido antes, contesta que habría sido inútil. Que ni él estaba preparado para descubrir todo lo que se perdía ni ella para enseñárselo. Aparte del lado romántico, es bueno poner en contexto las cosas y no dar por exportable al pasado lo que hoy está vigente. De hecho, sólo así La sonrisa etrusca podría salvarse hoy del sinsentido del revisionismo: leo que hay quien quiere borrar de la película de Blancanieves el beso que la resucita debido a que, al estar ella dormida, se trata de un beso no consentido. Valga la redundancia.
*Novela literaria
