Escrito por Mª Isabel Porras Gallo, una doctora especializada en el tema y sobre el que ya había escrito antes de la actual pandemia (no es que esté escrito sólo aprovechando las circunstancias), cuenta cómo fue la famosa epidemia de principios del SXX desde varios puntos de vista incluyendo una cierta comparación con la actual, con la que hay importantes paralelismos.
Más allá del libro en estos meses me ha llamado la atención que muchos médicos ni conozcan lo que sucedió entonces. Es como si las diferentes ramas del saber fueran compartimentos estancos y, así, se sorprenden cuando les dices que en aquella pandemia hubo también tres olas con fechas similares a las que hemos tenido en ésta. Es decir, cuando en verano pasado Pedro Sánchez decía que habíamos “doblegado la curva” y habíamos “controlado al virus”, quien sabía algo del tema podía suponer que en Octubre el virus demostraría que no estaba controlado en absoluto. Cuando se acusó a las navidades pasadas de causar la tercera ola, quien sabía algo del tema imaginaba que lo probable era que tuviéramos esa tercera ola de todas maneras. Y cuando ahora se dice que gracias a las vacunas estamos saliendo de la pandemia se olvidan de que en Junio de 1919 (y de 2020) también mejoró mucho la situación pero sin vacunas. Y esto, que es una evidencia al alcance de cualquiera que se interese un poco, no parece que sea de dominio público. Quizá sea porque pone de manifiesto nuestra debilidad frente a la naturaleza y porque, mejor que admitirla, preferimos imaginar que controlamos el virus con nuestra ciencia.
Por supuesto, también hay diferencias entre una y otra pandemia y la Historia sólo sirve de referencia. Además, tanto entonces como ahora parece que hay medidas que sí tienen una eficacia probada. La principal, dice la autora, el aislamiento de los primeros casos antes de que se extiendan. Porque luego era casi inútil como ya veíamos en Pandemic… Recuerdo que en Septiembre del 2020 se hacía mucho énfasis en los llamados rastreadores. Sin embargo está claro que no hubo suficientes y que funcionaron mal con lo que al poco resultaron inútiles, como en el siglo pasado.
El libro me parece un tanto generalista y hasta algo repetitivo. Destaca el consenso político a la hora de adoptar medidas drásticas, como ha sucedido esta vez también, pese a que muchas de ellas eran inútiles o injustas. El miedo obra milagros hasta en los políticos. También señala los esfuerzos de los laboratorios locales por obtener vacunas y que obtuvieron algunos resultados parciales cosa que, en cambio, ahora no parece que haya pasado.
En 1918 también se hicieron tonterías similares a las de ahora tales como desinfectar las calles o desinfectar los equipajes de los viajeros. Igualmente se usó el recurso de culpar a la sociedad y el de que parte de ella culpara a otra parte. E igualmente dice la autora que por parte de los políticos había mucho de aparentar que se hacía algo más que de hacerlo realmente. Sé que costará creerlo pero dice la autora que en 1918 el gobierno llegó incluso a ocultar y a manipular los datos de la pandemia. ¡Qué escándalo, en este local se juega!
*Saber
