Reseña, La chica más lista que conozco, Sara Barquinero

La chica más lista que conozco

Sara Barquinero

Guillermo del Campo
Fecha: 13 de octubre de 2026
Categoría: Sin categoría

Cuando le eché un vistazo al índice me resultó atractivo: Hipótesis, Demostración, Observaciones… Me pareció que, tratándose de una novela, tenía buena pinta. Y es verdad que durante más de cien páginas mi interés se mantuvo. Parecía una novela que abordaba temas recurrentes hoy (Comerás flores, por ejemplo), como los abusos de poder en la universidad, las relaciones entre los jóvenes que llegan a la facultad, etc, tratados de manera diferente, a medias entre el ensayo y la ficción. Me hizo recordar la maravillosa levedad del ser y creo que la intención de la autora era emular a Milan Kundera.

Sin embargo, eso no debe ser nada fácil y la historia se va alargando sin mucho sentido de manera que lo que comienza pareciendo una excusa para ahondar en las inseguridades o la vergüenza, deviene abiertamente en una pequeñez de estudiantes postadolescentes mezclados con profesores supuestamente adultos ambientada en la Complutense y Moncloa. Demasiados personajes apenas esbozados por la visión única de la protagonista, errática y difícil de seguir, y un argumento cada vez más repetitivo y menos interesante. Aquella estructura de hipótesis y demostraciones era en realidad un trampantojo acompañado de muchísimas referencias de libros que no logran disimular una historia mal contada y de lo más convencional. No he leído tantos libros como menciona pero tengo la sensación, por los que sí conozco, que no me he perdido gran cosa porque no son sino una parte más del decorado.

También me comenzó resultándome atractivo el entorno, que conozco bien: el Narizotas, el Bora Bora (y no el Van Gogh, que supongo que es ficticio), pero pronto me entró una sensación un poco ajena, como de descripciones y ubicaciones hechas por quien lo conoce menos de lo que quiere dar a entender (¿provincianismo?). Incluso se me hace difícil creer que los universitarios de hoy alcancen las cotas de alcohol y de nicotina que cuenta La chica más lista que conozco, que fuma más que en las películas estadounidenses de los 60.

Otros asunto que podía tener su interés era la acerba crítica a la universidad que la autora desliza y que sé que hasta se queda corta por el nepotismo existente y por cosas mucho peores… pero tampoco profundiza, se queda en una visión periférica muy alejada de la que debería tener alguien que lo estuviera viviendo. Dado que Sara Barquinero parece haber escrito sobre un pasado muy reciente para ella, sorprende que sea tan poco convincente.

No obstante, en un texto tan supuestamente filosófico hay sitio para reflexiones interesantes como la de que quienes se informan a través de Instagram o X en realidad se dedican a leer periódicos personalizados para que les confirmen sus opiniones. O para que les proporcionen ejemplos contrarios tan violentos que aún les produzcan más rechazo y rabia hacia lo que previamente ya odiaban. Cuánta razón tiene y cómo me alegro de no haber sucumbido nunca a las presiones para que me “afiliara” a esas plataformas autocomplacientes.

Alicia, la protagonista, también cuestiona cómo es que cualquier varón puede manifestar su temor a verse acusado de abusador por una novia delirante y, sin embargo, ninguno considere probable que lo denuncien por ladrón, por ejemplo. También tiene razón y da para pensar aunque quizá las denuncias falsas por robo son tan extrañas que no provocan temores, no sé. En el tono introspectivo con el que se nos cuenta la historia aparece lo difícil que es redirigir toda la energía acumulada para prevenir un ataque que no se produce, algo que en efecto sucede cuando nos ponemos la venda antes de la herida. Y es que, en realidad, lo que rodea a La chica más lista que conozco está bien. Lástima que falte algo tan fundamental como una historia sólida o tal vez sólo haberla contado mejor.

 

Lenguaje:

Vale la pena detenerse en el lenguaje de la novela porque es sorprendentemente ágil y novedoso a la vez que farragoso y enroscado hasta hacerse difícil de entender. Sara Barquinero no se recata en usar una jerga juvenil que, como buena jerga, queda fuera del alcance de la inmensa mayoría de los lectores (incluyendo, porque lo he comprobado, a los jóvenes universitarios). No emplea cursivas ni comillas y escribe mainstream, edgy, nerd, bowling, incel, menial, pasaclases y muchas más palabras extrañas con absoluta naturalidad. Lo cierto es que por una parte el texto resulta más agradable de leer que si se señalaran como neologismos. Por otra, hace necesario acudir constantemente, no al diccionario (ojalá), sino a Internet o incluso a redes sociales para descubrir sus significados (no siempre con éxito). Al final, no queda más remedio que obviar esas lagunas, claro, que por una parte confieren al texto cierta frescura pero por otra nos dejan in albis (por poner un contrapunto latino a tanto anglicismo). Tampoco se cohibe a la hora de emplear un lenguaje que tal vez se entienda demasiado bien, como cuando evita comerse un cacho de pollo, así, sin más.

A la vez, la autora es capaz de generar cierta tensión casi detectivesca a pesar de recrearse en circunloquios, como cuando la protagonista trata de averiguar a quién le habrá contado la amiga su affaire. Pese a la apariencia irrelevante, logra captar la atención del lector pero sólo hasta que acabe descubriendo que no era sólo apariencia y que realmente había poco detrás.

 

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Verde/*Novela

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De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Estudiante pucelana que comienza su andadura en la facultad de Filosofía de la Complutense, en Madrid, con las inseguridades de la edad, cierto complejo provinciano paralelo a una gran capacidad intelectual. Comienza tratando de integrarse en algún grupo, luego de tener una “mejor amiga”, liarse con alguno… pero pronto se ve levantándoles los novios a las amigas en cuanto se descuidan, (alumnos y profesores) lo que no la hace precisamente popular.

 

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