Henry Kamen ha escrito libros interesantísimos sobre la historia de España, particularmente del S.XVI y S.XVII. También es buen conocedor de nuestro país porque hace mucho que se trasladó a vivir aquí. Sin embargo, creo que vive mucho de las rentas y que sus opiniones hay que ponerlas en cuarentena. Es cierto que un punto de vista externo es siempre interesante y viviendo en Barcelona, su desprecio al independentismo resulta más fiable por lo desapasionado. Pero Las dos Españas es más un refrito de extractos de sus libros y estudios anteriores que se organiza en torno a una idea que se vende bien pero que es falsa: que España siempre ha estado divididísima. O si fuera cierta, habría de demostrarlo por comparación con otros países. No basta con desautorizar a Roca Barea, para afirmar así cualquier cosa como ya hizo Villacañas. Puestos a revender libros, al menos Payne compara un poco y no pretende ni actualizar el pasado ni llevar a los Austrias los males del SXXI.
Lo de las dos Españas surgió sobre todo en la II República y en la Guerra Civil, una época en la que efectivamente cada España hacía todo lo posible por negar primero, y exterminar después, a la otra. Pero pretender que ese cainismo viene de los tiempos de los Reyes Católicos es un exceso que sólo justifica el deseo de revender el mismo libro cambiándole el nombre. Además, sus afirmaciones son apresuradas y muy contradictorias. Pretende conocer lo que en realidad desconoce: como la conquista de Canarias fue financiada por italianos, no fue cosa de Castilla. Como en la de México intervinieron los tlasaltecas, lo mismo. Y como los tercios de Flandes se pagaban con plata americana, no peleaban por España. No sólo eso sino que, cuando puede, arrima el ascua a su sardina y así, Drake demuestra que España carecía de cualquier capacidad militar y pasa de puntillas por el exterminio de los indios norteamericanos. Según él la pérdida de la Gran Armada arrasó millares de hogares españoles cuando lo cierto es que fue una derrota propagandística por encima de cualquier otra consideración (y muy merecida, por cierto). No llega a Trafalgar porque tendría que oponer a Gravina contra Villeneuve y lo de las dos Españas se le iría al traste.
En realidad el libro carece de tesis porque el título es no es más que un ardid de ventas pero que Kamen no sostiene, más allá de la constatación de que, como en todas partes y en todo momento, hay diversidad de opiniones. Echo de menos un estudio comparado de la historia de varios países europeos que permita establecer las diferencias más allá de los mitos. Me encantaría que Kamen y otros historiadores expertos en diversos países se pusieran a ello desde la Historia y no desde la suposición de que conocen los países.
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*Historia
