Madame Bovary pasa por ser la madre de La Regenta, y así Flaubert podría ser el padre de Clarín. No creo que sea el caso en cuanto a los escritores pero si en lo relativo a las novelas, aunque dicho con el orgullo de quienes se ven superados por sus vástagos. No hay nada malo en nutrirse de lo bueno y Madame Bovary es lo es. Pero Clarín ve mucho más allá que plantear situaciones similares. Él aprende de sus mayores, y logra una novela a mi juicio infinitamente mejor que la anterior. Así sucede en toda actividad humana y mucho más en el arte, donde los de hoy estudian a los de ayer para ir siempre un poco más allá.
¿Parecidos? Enma y Ana son huérfanas, casadas con hombres de los que no están enamoradas, ambas se sienten superiores a las personas que las rodean y hastiadas de su entorno rural, ambas encuentran en la religión un cierto consuelo o sublimación de sus anhelos, las dos tienen dos amores, las dos enferman “de los nervios”, las dos se encuentran con uno de sus amantes asistiendo al teatro… En las dos novelas hay un guía para la catedral (Rouen u Vetusta) al que se ridiculiza (el gran Saturnino Bermúdez que aburre a Obdulia y a los Palomares con su pátina). Sí, los parecidos son muchos, los que corresponden a la historia de una mujer desencantada en una ciudad pequeña; las diferencias son muchas más.
Enma desprecia a su marido y ambiciona lujos inalcanzables, es bastante culpable de lo que le sucede a diferencia de Ana. Enma toma la iniciativa mientras Ana es mucho más pusilánime, D. Juan Tenorio entusiasma a la de Ozores mientras que Lucía de Lammermoor no interesa demasiado a Enma a pesar de su magnífica música. El farmacéutico de Yonville se desdobla al menos en tres personajes de Vestusta: Trifón Cármenes, el médico Somoza y el ateo Guimarán. Enma tiene una hija (a la que ignora) y Ana tiene la desazón de no haber sido madre. Todo eso si sólo nos fijamos en los detalles.
Porque si nos centramos en el fondo, Flauvert escribe de una manera directa, desapasionada, que nada tiene que ver con Clarín, quien se involucra en la narración, hace guiños a los lectores y se ríe de los personajes. Flaubert hace un retrato mucho más costumbrista que el social que nos presenta Clarín (muchísimo más interesante) con el personal de servicio, las diferentes familias de Vetusta, oficios… Clarín está del lado de La Regenta, a la que deja postrada en la catedral, profanada por el beso del sapo (y, por tanto, aún sagrada) mientras que Flaubert no defiende a Enma, que se suicida de un modo terrible y cuyo cadáver aún regurgita un líquido negro horas después de muerta. Madame Bovary es mucho menos novelesca que La Regenta, tanto por el estilo de la primera como porque probablemente tuvo un modelo real muy cercano. Y tal vez también, porque se escribió mucho antes. Como dijo Clarín, él no recordaba demasiado la lectura de Madame Bovary cuando escribió La Regenta pero aunque la hubiera recordado al detalle habría escrito lo mismo porque el parecido no es más que eso. Y porque Clarín copiaba lo que veía, no lo que leía.
Madame Bovary debió ser una novela muy novedosa en su tiempo. Agradable de leer también hoy. Pero que hace que uno recuerde de inmediato lo que avanza la literatura, como todo, con el paso del tiempo.
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Traducción: Germán Palacios
Se lee correctamente y quizá la decisión más delicada es la que toma al traducir “señora Bovary”, contradiciendo el título. Aunque tiene numerosas notas a pie de página, que siempre agradezco, en este caso resultan relativamente intrascendentes y en su mayoría relacionadas con tejidos y telas. Sí diría que al texto le faltan, al menos, muchos puntos y comas porque hay muchas frases que apenas se entienden. No sé si es cosa de la traducción o del original.
Por cierto, acertada portada que deja ver los recurrentes bandós de la protagonista.
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*Novela
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