Tiendo a pensar que un premio Nobel es universal e intemporal (y seguro que en muchos casos es así). Lo universal se puede lograr incorporando al jurado a personas de todo el mundo y aunque habrá algunas limitaciones, sin duda formarán una buena representación. Ése debe ser uno de los motivos por los que el ganador del Nobel de literatura me resulta desconocido en la mayoría de las ocasiones. Pero, en cambio, alcanzar la intemporalidad es mucho más difícil. Primero porque, lógicamente, no podemos disponer de jurados de siglos atrás como tampoco de los venideros. Segundo, porque un premio anual necesariamente se ha de reducir a la literatura de la época y ni se va a otorgar el galardón a Cervantes a estas alturas, ni en 1894 se podía saber de García Márquez.
Digo 1894 porque es la fecha en la que Hamsun Knut escribió Pan, cuando debió causar sensación: una especie de libertino asocial escandalizando a un pueblecito del norte de Noruega. Personajes inadaptados, imprevisibles, inseguros… emociones a flor de piel alternando el amor y la rabia según los días. Hoy día, la historia resulta menos novedosa pero entonces, un narrador con ciertos trastornos, contándola desde su punto de vista parcial, el contraste entre su propia percepción de sí mismo y lo que se trasluce que perciben los demás… debió ser motivo para el Nobel de 1920.
También la forma de contar esa historia, a base de monólogos interiores en los que se pasa de la evocación al diálogo sin transiciones resulta muy atractiva. Frases cortas, inconexas, que pintan sentimientos como a brochazos y que contienen un fuerte simbolismo.
Sin embargo, en medio de esa cierta locura entre el personaje y la prosa aparecen frases incomprensibles, discordancias verbales e incluso pasajes inexplicables que cuesta creer que Hamsun escribiera de ese modo y que, quizá por una cierta tendencia mía, me hacen sospechar de la traducción. Por ejemplo, “La casta expresión de la niña de su pulgar me inspiraba ternura.” (pág. 21) resulta difícil de digerir incluso si suponemos lo que puede ser la niña de su pulgar. El mismo lío que se traen con el tuteo, al que la pareja no pasa tras el primer beso, pero que sin embargo es reprochado en público, resulta difícil de comprender quizá porque en noruego no sea como en español.
En realidad me ha pasado con este Nobel como con el de Fosse: me da la sensación de que es mucho más merecido en noruego que en español.
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PD. Investigando lo del tuteo y el usted he descubierto que no es que los ingleses llamen a todo el mundo de tú (you) si no al contrario: llaman a todo el mundo de usted. Al parecer, en el SXV, para el tuteo, se usaba en el SXV “thou” (pronunciado como “du”) y prevaleció el trato más ceremonioso, que era “you”. Supongo que en español asimilamos el “you” al “tú” por el parecido de los sonidos pero en realidad se corresponde con “usted”. Al fin y al cabo, esto era más de esperar de los ingleses.
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Verde/*Novela
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