Novela de médicos, Cronin (que también lo era) plantea la vida de un médico en diferentes escenarios: rural, de empresa minera, funcionario, en Londres… y cómo se puede cambiar el buen ejercicio de la profesión por el dinero fácil. Estamos en el Reino Unido de los veinte del SXX y a la vista de la evolución de la cobertura médica de la sociedad, con la cual los médicos se han convertido mayormente en funcionarios, uno se pregunta qué sucedería si la cobertura de vivienda también se extendiera de la misma manera. Al fin y al cabo, la problemática de hace un siglo que plantea Ciudadela es similar a la que tienen los arquitectos de hoy, e imagino que otras muchas profesiones. Lo que da dinero no suele ser compatible con los principios éticos y la diferencia parece estribar en si uno tiene pacientes o clientes. En la novela, los médicos todavía tienen clientes, lo que plantea muchos problemas que hoy están bastante resueltos.
En La ciudadela la medicina sí está permanentemente presente, a diferencia de Miasma, con la que sólo comparte la explicación del título en las últimas páginas. Aquí apuntan ya las corrupciones de los médicos pero sin llegar a los hospitales de borrachos que contará Frank G. Slaughter treinta años después. Es una novela entretenida, algo moralista pero moderna en algunos aspectos del papel de la esposa, que ciertamente tiene su personalidad independiente aunque abandone su profesión tan bruscamente. Destaca, para la época y el tipo, que no se solace en lo melodrámático. Al contrario, sorprendentemente los dos grandes golpes de efecto de una novela que no deja de ser costumbrista y familiar, pasan al servicio de la narración principal y no les dedica lágrimas sin cuento como cabría esperar.
Lo que sí es un drama es la traducción abominable de Enrique Pepe. No sólo está anticuada (tradujo hasta los nombres, y así nos encontramos con Andrés Manson, Felipe, Eduardo, etc.) es que confunde andén con plataforma, embrollar con trabar, antepone sistemáticamente el adjetivo al sustantivo, emplea construcciones rarísimas como “sí, en verdad” (en vez de “sí, es cierto”) o “te haré subir la comida”, etc.
Verde/*Novela
