El lector

Bernhard Schlink

Guillermo del Campo
Fecha: 1 de abril de 2024
Categoría: Para no levantarte

Bernhard Schlink es tan frío que resulta difícil identificar la pasión en sus libros. Más cuando los trufa de reflexiones profundas y descripciones tan precisas que los acercan al ensayo. Sin embargo, los dos libros que he leído de él me han gustado muchísimo. La nieta también estaba escrita desde esa especie de asepsia y laxitud, que aqueja al protagonista de El lector. Ambos plantean unas historias muy interesantes que te llevan a pensar en profundidad aspectos como las responsabilidades o la culpabilidad.

En el lector hay muchos motivos que hacen sentir culpables a los personajes. Uno obvio, que aparecerá bien entrado el libro y que estructura la novela. Otro inicial, desde que una mujer seduce a un chaval con la carga de responsabilidad que ello tiene, y la que esa relación desigual provoca al chico. Pero en medio hay mil reflexiones interesantísimas como ésa de que la felicidad se vuelve amarga cuando descubres que se alimentaba, no sólo del momento sino de promesas que no se cumplieron (pág. 41).

La historia es muy buena y tiene momentos que enganchan absolutamente a pesar de que se cuenten de una manera tan alemana. Eso te permite avanzar con gusto y disfrutar de cómo acierta al describir aspectos de la adolescencia o de la problemática de las revisiones del pasado. El autor, en su asepsia, apenas toma partido pero te hace ver que la revisión de la Historia es algo que no tenemos resuelto, al menos cuando es reciente.

La mayoría de los alemanes no actuaron en el nazismo por obediencia debida. Más bien lo hicieron porque era lo que se había acabado estableciendo. O más bien no actuaron cuando habrían podido, dejaron hacer cuando le superó y participaron vagamente del conjunto cuando se vieron inmersos en ello. Condenar a quienes participaron, o dejaron hacer, un poco más que el resto es adaptar lo sucedido a nuestro código penal, que contempla el asesinato directo pero malamente la aquiescencia. Y cuando la aquiescencia es tan generalizada, la responsabilidad de la sociedad aumenta en la misma medida que disminuye la de la guardiana de turno. Los juicios revisionistas, más que juzgar a los criminales, juzgan y condenan a la sociedad que los tuvo en su seno. El remedio a las atrocidades posteriores debió ponerse mucho antes, cuando era posible hacerlo. Y el objeto de esos juicios, más que castigar a quienes se puede aún, debiera ser pedagógico: la Libertad admite pocos matices y hay que defenderla cada día antes de que sea demasiado tarde.

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Traducción: J. Parra Contreras

Prácticamente no he encontrado nada raro en la traducción, lo que me hace pensar que es buena. No obstante, hay dos cosas sobre las que se puede pensar:

Una, la decisión del traductor de emplear “chiquillo” como forma de Hanna para dirigirse a Michael. No la emplea una vez sino muchas e incluso le da para una nota a pie de página cuando se encuentra con una expresión en francés que al protagonista le recuerda lo de “chiquillo”. En algunos momentos ella también lo llama “mi niño” pero en ésos no hay duda del acierto en la elección.

¿Habría sido mejor “chico” o “chaval”, incluso “muchacho” aún a riesgo de perder algo de lo afectivo?  En el original en alemán aparece “Jungchen”, que en el diccionario se traduce por “chico” y que asimila a “petit garçon” en francés (que sería chico pequeño, por tanto, literalmenbte, “chiquillo”). También podría hacer traducido por “pequeño”. Ciertamente no era una decisión fácil y posiblemente, desde un punto de vista estrictamente semántico, “chiquillo” sea la más acertada. El problema es que en la novela se usa siempre como vocativo, “qué cosas dices, chiquillo”, y entonces adquiere un matiz andaluz difícilmente compatible con alemana y grandota que es Hanna. Problemas irresolubles de las traducciones.

La otra cuestión me parece más clara, dentro de la dificultad de traducir bien. En el original se refiere a las “plattformen” de los tranvías, y se ha traducido por “plataformas”. La plataforma, en español, era en origen una superficie sobre la que se colocaba lo que hoy llamaríamos contenedor y antiguamente era un vagón para pasajeros. Hoy, el vagón lo es todo pero hubo un tiempo en el que la plataforma asomaba por los extremos, estaba abierta y se le colocaba incuso una barandilla.

El matiz tiene su importancia porque en el libro se menciona que los tranvías circulaban en verano con las plataformas abiertas y el protagonista ve como, estando cerradas el tranvía volvió a parar, se abrió la puerta y entré. (pág. 168). El hecho de que le abran “la plataforma” es como una última oportunidad que se le ofrece (y que acabará desaprovechando).

Un tranvía de los cincuenta en Berlín, en el que se ve que ya no llevaban plataforma abierta.

Sin embargo, en español debiera decir vagón, que es lo que puede abrirse o no, dado que, por definición, nuestra plataforma siempre está abierta. (Eso si no somos ferroviarios, que llaman a los vagones “coches”). Posiblemente en alemán, el significado de “plattformen” sea más amplio que en español ya que el libro también menciona en otro momento que la gente se subía a las plataformas con el tranvía en marcha, y ésas plataformas sí serían las nuestras. Hay que tener en cuenta que “wagen” en alemán (y “wagon” en inglés) significa muchas cosas, entre otras “carro”, y que quizá nosotros sólo hemos adoptado una de ellas de la misma manera que sólo hemos adoptado “plate-forme” del francés en uno de sus sentidos pero no en el de vagón.

Sea como fuere, pienso que la traducción debió distinguir entre plataforma y vagón aunque el original usara sólo “plattformen”.

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*Novela

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De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Un chico de quince años se lía con una de treinta, Hanna. Ella es un poco extraña e insegura y suele pedirle al chico que le lea cosas antes de hacer el amor. Un día desparece y él volverá a saber de ella diez años después porque es acusada de crímenes nazis. Durante el juicio él comprende que sus rarezas, y la asunción de responsabilidades que no son suyas, se derivan de que es analfabeta y ha tratado siempre de ocultarlo. Él le mandará a la cárcel cintas con grabaciones de lecturas pero, como consecuencia de aquella relación prematura y desigual que le marca toda la vida, nunca será capaz de acercarse a ella. Pocos días antes de que Hanna pueda salir de la cárcel, él le busca casa y trabajo y va a visitarla. El día antes de salir, Hanna pone fin a su vida.

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