Me la recomendó una amiga lectora y me animó ver que el escritor era inglés por lo que no me podía esperar una novela tan estadounidense, entre Tiburón y Joël Dicker. Familias separadas por miles de kilómetros entre los que se encuentran pueblos mínimos cargados de rencillas. La contraportada, ésa que suelo leer sólo cuando acabo el libro, da un buen resumen a toro pasado: una mezcla de novela policial dolorosamente humana. En esa mezcla me parece que está su principal defecto porque no acaba siendo ni una cosa ni otra.
Los personajes sufren y sufren en cada línea, marcados desde su más tierna infancia por lastres que no logran sacudirse nunca, pero son tantos y tan abnegados, que agotan un poco. Resulta curioso que en una novela con varios asesinos no haya ni un personaje malvado y que a todos se les dé esa pátina de humanidad que les justifica. De haberse reducido esa mezcla de fatalismo y sacrificio a alguno de los protagonistas, tanto la historia humana como la historia policial habrían funcionado mejor pero ampliarla a todos y cada uno de los personajes la convierte en culebrón.
Por otra parte, uno pasa demasiadas páginas con demasiados misterios que influyen en todo lo que sucede pero que no se aclaran hasta el final y eso también resulta cansado. Me parecen demasiados los secretos que medio guarda cada personaje y por lo que hay que suponer que actúa como lo hace aunque no lo podamos confirmar hasta el final. Y ni siquiera acaba estando claro del todo, porque el tono general de la novela es de apuntar cosas con dramatismo y dejar que sea el lector quien, inteligente, entienda esos sobrentendidos. Está claro que yo no soy tan inteligente y a final me quedé sin saber, por ejemplo, qué pasó exactamente con la primera muerte que arrastra a toda la pandilla.
Por otra parte, si resulta repetitivo el comportamiento de los personajes a diario, todo el santo día rabiosos/enfermos/torturados, resulta que la historia de California se repite en un bucle innecesario luego, en Montana. La novela podía haberse ahorrado el drama del abuelo y quedarse sólo con el de la madre, que era más que suficiente.
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Traducción: Antonio Padilla Esteban.
No, no es una buena traducción aunque no sea de las peores. No es capaz de sacudirse los hipérbatos del inglés y los acumula inmisericorde: en la primera frase de la página 27, tres nada menos, completamente innecesarios. Pero como tantas veces sucede, el problema, más que en la traducción, está directamente en el español: que cimbrar no es lo mismo que cimbrear (p.392), que arrollar no es lo mismo que enrollar o remangar (p.26 y p,116) que no se dice “no fue tu culpa” (p. 118) y mucho menos “contra más alejado se hallara…” (p. 25) y otras muchas cosas que confirman la tesis de Borges o de Martín Gaite de que para traducir, más que el idioma ajeno hay que saber el propio.
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*Novela
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