Ceniza en la boca

Brenda Navarro

Guillermo del Campo
Fecha: 29 de julio de 2022
Categoría: Sin categoría

De haber leído la reseña de Brenda Navarro que figura en la solapa del libro tal vez no habría llegado a leerlo. De hecho, pienso que tuve suerte porque cuando estaba en la universidad no había la posibilidad de estudiar Arquitectura para Rubios, por ejemplo. La universidad venía de ser algo bastante universal y aunque se había ido concretando en exceso, aún no había llegado a los extremos a los que Bolonia y la política la han llevado. Pero como suelo leer las solapas y contraportadas de los libros cuando los acabo, hasta me sorprendió gratamente porque Ceniza en la boca me parece un libro magnífico que aborda la migración desde un punto de vista concreto pero sencillamente real.

Cuesta definir al libro como novela pues más parece el volcado de los pensamientos de la experiencia de una migrante, casi a modo de testimonio o documental. Precisamente la lectura de la solapa y los agradecimientos de la novela son los que te devuelven a la ficción que no por inventada es menos vívida. Escribo migrante porque aquí es lo acertado: habla una emigrante de México a España que va y viene un par de veces y que cuenta sus sentimientos tanto a uno como otro lado del Atlántico. Sentimientos, sobre todo tristes, es verdad, pero cargados de razón y sin sacarlos de quicio, sin explotarlos, que nos ponen ante problemas que antes que resolver hay que comenzar por entender. Tal vez por eso el libro se aleja de lo reivindicativo: prefiere que comprendas lo difícil que lo tienen quienes sólo pueden limitarse a sobrevivir, quienes, no tienen futuro en su país y tampoco lo encuentran en otro sitio. Porque se puede vivir con cualquier pasado pero lo único que permite vivir con cualquier presente es el futuro.

Ceniza en la boca está escrito en mexicano. Quizá eso le haga perder expresividad para los españoles. O quizá nos permita coger un poco de distancia con las desgracias. El idioma nos traza una línea también, como la protagonista hace en ocasiones. En alguna ocasión el mexicano se españoliza un poco cuando pone palabras en boca de catalanes o incluso de mexicanos con más años en España. Creo que la autora hace un esfuerzo encomiable por adaptar el lenguaje de sus personajes aunque alguna vez se le vaya la mano. Es curioso porque en su novela Casas vacías había un lenguaje más unitario, más como pensado para ambos países. Casas vacías, precisamente, era duro, era real, pero era una novela y eso también nos permitía coger distancia. Ceniza en la boca lo tenemos al lado, en la panadería, en el bar, porque no hace falta nada sórdido para encontrarla. Como novela, le falta un punto de sorpresa. Como testimonio, sobran ejemplos y situaciones para que nos identifiquemos como compañeros de clase, como jefes, como profesores, como políticos… hasta como colegas de emigración pues, como pasa en las situaciones difíciles, sale lo mejor y lo peor de cada uno cuando se comparte la desgracia. Ceniza en la boca no denuncia a nadie (y eso se lo criticarán los demagogos) pero pone a todos ante una realidad que es imprescindible comenzar por entender.

*Novela

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