Hace bastantes años tuve que cambiar de misa porque el cura dedicaba todas y cada una de las homilías advertirnos del peligro de las drogas en la juventud. Para mí, con hijos aún muy pequeños, aquello quedaba muy lejos y tampoco tenía a nadie cercano la que le afectara el problema y, aunque me parecía bien estar al tanto, acabó haciéndoseme pesado. Lo mismo me sucede con los problemas sexuales que van aflorando. Comprendo que existen pero la insistencia en hacerlos visibles me agota un poco incluso comprendiendo que es necesario. Al fin y al cabo, la lectura es para mí una afición. Y parece que el libro de José Alcolea pretende hacer una suerte de recopilación: un homosexual que tiene un hijo adoptado vietnamita que resulta ser transexual y, por tanto, se siente mujer. Que se siente mujer pero a la vez lo que le atrae no son los hombres sino las mujeres aunque es capaz de violar a los hombres. Y paro aquí pero podría seguir…
Bueno, y he de seguir porque, naturalmente, no podía faltar la política en la que los malos malísimos son aquellos que van a misa o cuelgan banderas en los balcones. Vamos, lo que se dice un completo. Con todo, la parte política me ha interesado porque anticipa cómo por los miedos derivados en parte de la pandemia, mascarillas y esas cosas, nuestra sociedad se convirtió en el Gran Hermano de Orwell con el triunfo de uno de los extremos (¿Adivinan cuál?) en las próximas elecciones. Y reconozco que esos problemas me interesan más porque efectivamente veo a nuestra sociedad asustadiza y dispuesta a renunciar a los principios más básicos como el control del Parlamento sobre el gobierno. Sólo difiero con el autor, y con tantos otros, en que a mí me preocupan por igual ambos extremos y él sólo le preocupa uno de ellos.
Aparte de todo lo anterior el libro está bien escrito aunque tenga errores y aunque sea muy repetitivo: la carta al fuego, el pueblo de las cabras que aparece así nombrado una y otra vez, la carga del padre alcohólico y homosexual reprimido… Es verdad que no hay que leer la novela anterior de la que ésta es como una segunda parte pero eso es porque te la vuelve a contar de nuevo. Carga también el tono sentencioso y eso tan de moda de coger los libros como a medias, empezados, y tener que entresacar desde la primera frase lo que ha sucedido. Uno echa de menos eso de Érase una vez… o La heroica ciudad dormía la siesta…
*Novela / Morado
