Por diversas razones Pérez-Reverte es de los autores de los que más libros tengo a pesar de que no me gusta. Sin embargo, recordaba de éste libro que sí me dijo algo cuando lo leí por primera y única vez en 2007 de modo que, dudando, decidí releerlo.
Esas dudas se fueron acentuando conforme leía: los personajes duros que hablan sin mirar, lacónicos e intensos, que murmuran sin que parezca que pretendan ser escuchados, que hablan de sí mismos en tercera persona, que en realidad no dialogan sino que cruzan grandilocuentes monólogos introspectivos sobre la inevitabilidad del destino… todo eso la verdad es que me carga. Pero, sobre todo, me carga cuando no veo nada detrás. Paradojas, negaciones constantes, «creo que le entiendo», «yo ahora creo que no», «creía que le entendía pero ahora es cuando de verdad le entiendo», «Te voy a matar pero no es nada personal»… Clint Eastwood al lado de Reverte y de sus personajes es un blandito. En un momento del libro se dice que el excesivo análisis de los hechos termina por destruir los conceptos. Nada más cierto que en los diálogos de los tres personajes principales de El pintor de batallas. Y, sin embargo, mis vagos recuerdos no me engañaban y no al final no me ha decepcionado. Es cierto que hay muchas páginas de batallitas del abuelo Cebolleta a medio contar, con la antiépica de esos machotes duros que no hablan porque está todo dicho, pero también es cierto que estas historias acaban teniendo su sentido. Digamos que ante un drama insondable se pueden perdonar los excesos de dramatismo por huecos que puedan parecer.
Pérez-Reverte hace un esfuerzo aquí, como en tantos otros libros, por tratar sus temas con rigurosidad: esgrima, náutica, fotografía… hasta el más ignorante en cada caso es capaz de apreciar que el escritor sabe o se ha documentado bien. El vocabulario es siempre preciso y adecuado. En este caso de más para un croata que apenas debería saber español. Sin embargo, el autor también suele pecar de pedantería y en El pintor de batallas no falta en la mezcolanza de cuadros que cita. Yo creo que semejante miscelánea excede, no ya los conocimientos normales de un lector, sino los de un especialista que difícilmente podrá serlo en la amplísima cronología pictórica que maneja el libro. Me parece un intento, fallido, impostado, de explicarse a través del gran mural y de los cuadros citados, lo que tampoco es de extrañar ya la literatura carece de imágenes y evocar tantas y tan diversas con éxito es un imposible.
Me ha llamado la atención que los protagonistas del libro se traten de usted. Hoy eso se ve cada vez menos pero es una lástima y estoy seguro de que Pérez-Reverte no lo escribió así por descuido. El uso del usted es un recurso lingüístico que estamos perdiendo y que, sin embargo, es muy útil. Sirve, por supuesto, para mostrar un respeto cuando es necesario. Pero también sirve para mantener las distancias cuando éstas intentan acortarse indebidamente. De la misma manera que disponemos de sinónimos para matizar el lenguaje, el uso del usted en casi toda España es un recurso útil que, sin embargo, parece destinado a perderse por una mal entendida democratización de las costumbres. Y, sin embargo, igual que a veces es bueno distinguir entre un balón y una pelota, debería mantenerse el usted cuando proceda, empezando por los colegios en los que prácticamente se ha extinguido con la complacencia de quienes precisamente debieran enseñar éstas y otras muchas cosas.
El pintor de batallas, es uno de los dos libros de Pérez-Reverte que me gustan. (Y he leído unos cuántos, quizá por eso la reseña de éste me sale más negativa de lo que debiera). La amenaza inicial de uno de los personajes hace que se mantenga el interés a pesar de tanta grandilocuencia y, por si fuera poco, la pequeña trama se acaba resolviendo a la perfección. Tanto, que se pueden disculpar los defectos mencionados. Me resultan inverosímiles los diálogos torturados de sus personajes pero sí soy capaz de entender lo que escondían. Hay libros que se disfrutan en cada página y otros que hay que acabarlos para cerrar los ojos un momento y comprenderlos por fin.
*Novela
