Curiosamente en un corto espacio de tiempo han caído entre mis manos dos libros que hablan con pasión de las palabras. Andrea Marcolongo no es menos entusiasta que Irene Vallejo y va agrupando sus pensamientos e ideas en torno a la etimología de diversas palabras. Son como mini ensayos de los que me gustan más los principios. Éstos suelen tener los pies más asentados en el suelo en tanto que los finales tienden a volar y volar un poco en exceso en mi opinión.
Me resulta extraño leer una suerte de diccionario etimológico (el índice me permitirá consultarlo como tal) escrito en italiano. Aunque sean idiomas parecidos, hay también notables diferencias. Desde las primeras páginas surge el problema de la traducción que sin duda ha tenido que ser difícil. Creo que está muy bien resuelto y sospecho que gracias a muchos añadidos, notas aparte, para dar sentido a los capítulos relativos a palabras que son muy diferentes en español e italiano. De hecho, los traductores habrán tenido que buscar las muchas citas del libro, presumiblemente en italiano, para ponerlas en español. Todo ello les hace merecedores de engrosar el índice propuesto por Mona Montañés para reconocer su trabajo.
Quizá por eso del idioma original diferente, quizá porque en ocasiones la autora se mete en elucubraciones algo espesas, no he logrado entender el juego que se trae a lo largo de todo el libro con la palabra bizarro. Pese a ello, otras veces es más clara e indica, por ejemplo, que la emigración no fue un problema político hasta que pasó a ser inmigración, distingue a un aviador de un piloto, opina que, llegado el caso habría que hablar de “periodistos”, lo que le parece una tontería y se refiere a nuestro idioma como español sin complejos, incluso cuando también cita a otros de los españoles como el catalán.
*Saber
