Canción del ocaso

Lewis Grassic

Guillermo del Campo
Fecha: 23 de junio de 2021
Categoría: Sin categoría

Edición bonita, dura, con explicación del editor, de las que ya no se ven. No obstante, al ver los tonos amarillentos del libro y las espigas dibujadas a uno le sorprende encontrarse con una historia que transcurre en Escocia entre brumas y tormentas. Es una sensación extraña que he tenido durante toda la lectura aunque las descripciones del campo escocés son sobradamente expresivas para que uno les ponga los tonos verde grisáceos apropiados.

Se trata de una novela de entorno rural que comienza con un preludio y finaliza con un “epiludio” (me parecen más apropiados el prólogo y epílogo, la verdad), ambos de ámbito general de la comarca, y cuatro capítulos largos relacionados con las estaciones agrícolas que se centran más en la protagonista. La narración, sobre todo en los “ludios”, va encadenándose con una deliberada monotonía, a veces mediante innumerables conjunciones “y”, que suena a gaita, que no deja espacios que resulta incluso algo prolija. Puede suceder que cueste salvar ese preludio pero es una narración fuerte, expresiva, con vocabulario de la naturaleza que le mete a uno en los brezales con olor a tierras húmedas.

Me ha recordado algo a El camino de Delibes por las concatenaciones al hilo de los pensamientos y por el ambiente rural aunque el paisaje de Escocia sea muy diferente del de Castilla. En El camino, además, el paisaje y el clima tiene un papel más de fondo que en la Canción del ocaso en la que casi son unos protagonistas más. Pero en ambos la realidad impacta con fuerza al lector. Los títulos también son algo engañosos. Mientras en El camino sugiere un futuro que aunque existe, queda fuera, La canción del ocaso, que parece sugerir lo contrario, está llena de vida que anuncia la segunda parte. De hecho creo que lo que más me ha gustado es que tratándose de una historia que se percibe como muy real, sin quitarle los grises, sin embargo no se recrea en ellos y, al contrario, es fundamentalmente alegre y vital. Otras protagonistas de similares relatos sociales son violadas y sufren muertes y desgracias sin cuento. Aquí la vida es dura pero se ilumina con la parte buena que en toda sociedad existe.

El narrador es muy cercano pues habla de padre y madre de tal modo que llegué a pensar que tendría algún protagonismo al final. Mantiene un tono levemente irónico, «una casa llena de humedad ante la que ni una cabra se detendría a aliviarse”, crítico a la vez que cuenta una historia muy bonita. Una historia que no se engaña con sueños en Aberdeen sino que se queda en la tierra de Blaewarie pero que no por ello es menos ilusionante.

Lewis Grassic escribió una trilogía del que la Canción es la primera parte pero que no tengo interés en leer. Nunca segundas partes fueron buenas y la primera me ha gustado lo suficiente como para temer que una continuación me la estropee.

Por cierto, me ha encantado que la edición incluya una reseña del traductor. Por ahí se empieza a valorar su importantísimo trabajo que aquí me ha parecido impecable.

*Novela literaria

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