Lo que parece una idea original, la narración de un feto desde el vientre de su madre, acaba siendo una ridiculez. El limitado conocimiento que cabría esperar del narrador se amplía en virtud de radio, podcasts y mil excusas para pasar a ser una narración casi omnisciente. Lo que menos me gusta de la ciencia ficción es que no inventa un mundo, va inventando cosas conforme hace falta para resolver la historia. Y éste es el caso.
La historia que cuenta Ian Mc Ewan, por otra parte, es de lo más corriente y las reflexiones del feto tampoco son gran cosa. Para mí es un claro ejemplo de cómo la contraportada puede hinchar un libro que me parece tan escaso como el título. O de cómo un libro no puede basarse sólo en una idea original por extravagante que ésta sea.
Con todo, hay un momento sorprendente y dos páginas que me gustaron: la rememoración de la historia del matrimonio.
*Novela
