Relectura necesaria tras una mala lectura que ni siquiera pude abandonar a tiempo. Si la relectura siempre me parece valiosa, en este caso más porque no fue el de Vigata un libro que en su momento me entusiasmara y ahora me ha gustado mucho. Está claro que los libros tienen sus edades y sus momentos.
Un lío, ciertamente, tanto por la estructura narrativa como por la propia historia en sí, al que ya iba avisado de la primera lectura. Por eso he disfrutado mucho más de ese lenguaje socarrón, poético en lo procaz hasta extremos sorprendentemente gratos y más que claro cuando las páginas lo van requiriendo para avanzar con soltura. En ese aspecto, me ha sucedido lo mismo que en mi lectura anterior: las primeras páginas resultan mucho más rebuscadas que las restantes aunque esta vez apreciara ya su gracia. Y cuando podría hacerse cansado para el lector, la narración se aligera sin por ello perder la chispa, ahora por lo directo del lenguaje. Así se va desparramando la imaginación de Andrea Camilleri que tomando como referencia una escueta noticia es capaz de inventar toda una divertida trama que mantiene el interés. Pero, claro, con o sin premios, éste es un libro recordado quince años después de su aparición. Probablemente es que sólo pretendió ser un libro.
*Novela literaria
