Algo está pasando, sin duda, cuando un novelista reconocido como Eduardo Mendoza se mete en estos berenjenales. Otra cosa es que logre una explicación tan lúcida como sus novelas. Sin embargo, el mero hecho de que afronte un opúsculo tratando de dar su punto de vista me parece muy significativo.
Evidentemente en tan pocas páginas no caben análisis brillantes entre otras cosas porque hacerlos requeriría un posicionamiento que a su vez necesitaría de más páginas para justificarlo. Y si normalmente tomar partido es incómodo mucho más si no cabe apuntalarlo adecuadamente. Mendoza, pues, se reduce bastante a hablar del franquismo y a desmontar brevemente algunos mitos. Siempre es bienvenido pero quizá le pesa demasiado el haberlos vivido y les confiere una importancia excesiva en mi opinión. No es que no existan esos mitos, es que no creo que supongan hoy la mitad del problema y sin embargo ocupan la mitad de las páginas del librito. Sin embargo hay una idea que no por evidente deja de ser bueno encontrar: El mantra de invocar la Democracia para justificar todo lo que hace el independentismo es una burda manipulación demagógica que ha calado por interés en buena parte de sus simpatizantes de una manera pueril. En mi opinión sería importante empezar por ahí a resolver este problema (para seguir luego con muchas más cosas, naturalmente).
Desmontar el victimismo, no ya económico o histórico por más falsos que puedan ser sino el que afecta a valores mal entendidos es algo fundamental para empezar a cerrar heridas. Pero la tontería no es exclusiva de Cataluña, afecta a buena parte de los españoles como poco.
*Pensamiento
