Magnífico título que refleja por un lado lo que podría ser un cuadro propio del protagonista y por otro lo que quiere expresar el autor: describir el brillo de una persona de entre su entorno.
No creo que sea la mejor obra de Miguel Delibes, se aprecia un poco precipitada, (o tal vez excesivamente sentida) sin estructurar del todo, escrito como de una sentada… Aunque eso dice el autor que hizo cuando escribió El Camino y le salió bordada. Y sin embargo la leo también cada pocos años y no me canso. Lo que le falta de literatura le sobra de sentimiento. Me habría gustado conocer a Miguel Delibes. Me identifico muchísimo en esos sentimientos y casi reconozco mucho de mi matrimonio en ellos aunque el nuestro haya tenido la suerte de superar la barrera de los cincuenta.
Destacaría tres cosas del relato: la descripción de la felicidad a base de sobremesas sin palabras y miradas sencillas, lo valioso que es tener a alguien que descubra la belleza en cualquier cosa, yo también tuve la suerte de conocer a alguien así, y la opinión de Ana sobre los regalos.
Creo que el cuadro al que se refiere el título realmente existe y es portada de algunas ediciones de este libro. Yo leí otra edición, la del Círculo de Lectores (qué ediciones tan estupendas tiene) y la prefiero. No quiero identificar a Ana desde la portada, prefiero ir imaginándola con los apuntes que su marido cuenta de ella aunque a veces sean un tanto descarnados por el dolor.
*Sucedido
