Siempre es interesante conocer las primeras impresiones de un suceso. Aunque luego los historiadores vayan recogiendo información y desmientan lo que en al principio pudo suponerse, esas primeras crónicas dan una idea de la realidad en el momento en el que se producen las primeras consecuencias.
Si un acontecimiento genera unas reacciones inmediatas, el que luego las percepciones de tal acontecimiento sean matizadas y revisadas de una manera más fría y objetiva (también a veces más interesada) no podrá evitar lo ya se haya puesto en marcha y, si acaso, sólo podrá redirigir algunas de las actuaciones a más largo plazo. En este caso, los tres periodistas republicanos, Chaves, Pla y Díaz coinciden en lo esencial: se trató de una revolución fundamentalmente socialista, del PSOE de entonces, muy violenta y también muy violentamente reprimida. Generó un estupor y miedo que probablemente no se disipó en años. En este caso los historiadores no han corregido esas primeras impresiones y la revolución de Asturias, junto con la de Barcelona que aprovechó su rebufo, se considera una más de las causas de la guerra que comenzó en 1939 y que, como traslucen las crónicas, enfrentó a los extremos dejando en medio a los verdaderos republicanos que apenas tuvieron cabida en aquélla República. Claro que los forofos de ahora no han leído a los historiadores de manera que pueden inventarse así su propia versión adaptada a sus filias y fobias.
Las crónicas tienen un carácter muy diferente: desde las casi novelescas, amenas, de José Díaz Fernández hasta las más sincopadas, periodísticas y sorprendidas de las de Pla. Pero todas tienen esa ventaja de la visión reciente y objetiva de sus redactores.
*Historia
