El título ya indica por dónde van Manuel Álvarez y Roberto Villa: no fue posible la paz, citando a Gil Robles. Los autores van reflejando el extremismo de tantos y el egoísmo de otros muchos aportando pruebas más que sobradas de cómo se fue larvando la guerra desde 1934 cuando menos.
Señala muy acertadamente el error tan común de considerar democrático a todo aquél que así se autodefine. Tanto entonces como ahora esa manida denominación engloba una interpretación muy particular de lo que es la democracia: para algunos sólo son demócratas quienes les dan la razón. Eso cuando no se trata sólo de un cínico recurso propagandístico. Es curioso que hubiera satélites de la URSS tuvieran el adjetivo en su nombre oficial (República Democrática Alemana, por ejemplo) y no lo tuvieran los países que sí eran verdaderamente democracias (República Federal Alemana). También ahora Venezuela es calificada de democracia por los que demuestran día a día su totalitarismo y se apela a la democracia de los militantes, del Pueblo, para oponerse a la democracia representativa…
No es que avancemos mucho, la verdad, pues el PSOE se veía en 1936 en una fractura que guarda alguna semejanza con la actual de 2017: populismo barato que dejó de lado al Besteiro moderado achacándole que no era socialista, que no era de izquierdas y que no era demócrata. Los Besteiros que no actuaban en beneficio exclusivamente personal, que nunca justificaron la violencia del 34 y que verdaderamente aceptaban el juego democrático resulta que no eran demócratas al decir de los populistas del momento. Hoy triunfa el «No es no» frente a Eduardo Madina, por ejemplo.
Precisamente porque hubo tan pocos Besteiros en todos los lados acabó la cosa a tiros. Porque el frentismo alimentado por los intransigentes y por los que esperaban sacar provecho del mismo les estalló en una guerra que ya no hubo forma de parar. Probablemente, quienes amenazaron, literalmente, con la guerra minusvaloraban las consecuencias tan desastrosas que iba a tener. Los que ocupaban posiciones más moderadas ideológicamente quedaron arrumbados o tuvieron que alinearse con alguno de los extremos para que se acabara enfrentando media España contra la otra media. Quienes ven en la guerra una lucha del fascismo contra la libertad alimentan una utopía muy alejada de la realidad pues se trataba de una lucha de fascismo contra socialismo y la libertad no estaba en ninguno de los bandos. Y el libro no deja lugar a dudas al respecto, si es que alguna podía caber aún.
Por lo demás, un tanto prolijo, aporta datos interesantes acerca del funcionamiento electoral de la II República, de sus campañas electorales, de los medios que se empleaban y de cómo se podían torcer los resultados electorales a golpe de que todo vale contra los que pensaran mínimamente diferente.
*Historia
