Ya lo leí hace muchos años y me gustó. Me lo recordaron hace poco, me animé a releerlo y me volvió a gustar. Una serie de historias de personas en las que el psiquiatra J. A. Vallejo Nájera sabe descubrir cosas interesantes que nos pasarían desapercibidas.
Bueno, en realidad ni nos pasarían desapercibidas porque procuraríamos no mirar. Y, sin embargo, a pesar de la crudeza se destila un cariño y una ternura infinitas. No exagero. En las personas, en el autor y en el lector.
Recuerdo hace muchos años haber oído algunas intervenciones del autor en la radio que me hicieron estimar al que era un compañero de Areneros, con muchos años de por medio. La lectura de este libro me provoca auténtica admiración hacia su sensibilidad, su modestia y su amor a la psiquiatría y a sus enfermos. Y, por si fuera poco, la fina ironía de la que está lleno hace soltar algunas carcajadas y mueve a una sonrisa constante. Escrito con una prosa muy sencilla, abunda un vocabulario riquísimo y tierno: pamplinero, turulato, tontiloco, tolondro, zarramplín, orondo, jocundo, parlanchín, zangolotina… que es una gloria. Algunos de los capítulos, y particularmente sus finales, te dejan con la boca abierta. O imitándole, boquiabierto.
*Sucedido
