Relectura también un poco forzada ya que no guardaba buen recuerdo de cuando lo leí hace quince años. Sin embargo esta vez me ha gustado mucho más. Quizá la lectura más reposada y con otro ánimo me ha hecho ver que efectivamente se trata de una novela bastante redonda: es interesante, original y verosímil. Quizá el aspecto menos logrado es el de los sentimientos, que pese a que se supone que deben ser lo fundamental de la novela, no me acaban de llegar. La protagonista es muy fría, su religión, muy rígida y la prosa muy escueta, a base de frases cortas y tajantes.
Tracy Chevalier novela la historia del famoso cuadro de Vermeer, de su modelo y de su extraño atuendo y postura. Todo ello dentro de un ambiente algo opresivo por lo estricto de su moral y por su condición de criada con excesivos aires. Se echa de menos algo que justificara las pasiones que levanta esta chica, quizá alguna descripción más pormenorizada pues aunque al final acabamos imaginándola, cuesta un poco entender lo que sucede.
Lo más bonito, la percepción que Griet tiene de la composición de las escenas de los cuadros y de sus colores y cómo participa de la pintura del maestro colaborando incluso con él.
Y resulta curioso que la autora retrate a una familia católica pudiente y a una protestante pobre porque a mediados del SXVII en los países bajos lo común debía ser más bien lo contrario. En cambio está bien caracterizado el que los protestantes resulten tan rígidos, más que los católicos. Contra lo que dice la propaganda, el mundo protestante acabó siendo más involucionista que aperturista.
*Novela literaria
