Me engañó el título en cuanto al contenido, pensé que sería más bien una crónica de los últimos meses en Cataluña. No me engañó tanto en cuanto al rigor del libro, que efectivamente es escaso. Es, más que un relato, un desahogo del periodista Rafael Latorre. Desordenado y sentido fundamentalmente.
Con todo, nos recuerda cómo el totalitarismo es capaz de avanzar y que no está restringido a la pasada década de los 30 en absoluto. Como entonces, el abuso es tan persistente, la mentira tan abrumadora, tal el desprecio hacia quienes no son independentistas (ahora ya republicanos en ese intento permanente de enmascarar sus pretensiones), que uno no puede menos que recordar a Alemania, Italia, Rusia, España… y no sólo del siglo pasado. También de éste si en vez de países hablamos de pueblos: Vic no es diferente de Hernani ni los lazos amarillos tan distintos de las estrellas de David: se trata de señalar al que no quiera seguir la corriente.
Reconozco al autor el valor de no limitarse a denunciar el totalitarismo que se ejerce hoy día en Cataluña y añadir al problema tres factores más que enumero en orden de importancia:
1º. El totalitarismo latente de quienes esperan su momento y aprovechan toda ocasión de socavar las instituciones para lograr sus fines. Lenin dio el ejemplo y aunque parezca increíble hoy mantiene sus seguidores. Son los que se amparan en la democracia para defender que sólo puedan ejercerla unos pocos. Los que se escudan en el pacifismo para condenar la violencia venga de donde venga aunque los muertos estén siempre en el mismo lado. Son esa extrema izquierda que viste de tolerancia lo que no es más que imposición sistemática, en espera de que llegue su ocasión de desenmascararse por completo. Los falsos republicanos que necesitan insultar al Rey para afirmarse.
2º. El afán de poder de algunos de los dirigentes actuales, cuya conquista justifica cualquier cosa. En otro gravísimo error, sus antecesores fueron capaces de llegar al GAL e incluso caer por ello. Pero hay una diferencia: aún equivocados, aún poniendo en riesgo su posición, creían que el GAL era bueno para España. En cambio, la única justificación de los de hoy es mantenerse en el poder.
Les ayuda mucho el complejo tan abrumador de la progresía española, la de antes y la de ahora porque éstos no han cambiado mucho, que sigue añorando al maquis y cerrando los ojos al SXXI. Que da pie a todo lo que sucede por miedo a levantar una ceja para defender los verdaderos valores. Que se mantienen en un armario amplio y lujoso del que no piensan salir por pura cobardía y comodidad.
3º. Y, por fin, la laxitud ventajista y aprovechategui de una derecha que prefiere que se mantenga el lío. Que ha conseguido que apenas haya violencia por incomparecencia de quien debía ejercerla en defensa de la mayoría de los ciudadanos y de la Ley. Una derecha que rebaja la calificación del delito porque la víctima se dejó. Una derecha que, ante un delito flagrante, en vez de llamar a la policía pone una denuncia en el juzgado por que creen que el que la situación se pudra les beneficia a ellos aunque perjudique al resto de España.
*Historia
