Tres protagonistas, tres narradores muy diferentes que complementan una historia preciosa. Sí, porque hasta los peores momentos pueden ser bonitos en la literatura. Un narrador usa algo parecido a un diario para extenderse un poco más que los demás. Eso le permite citar muchos libros que, esta vez, sí conozco en varios casos. Me encantan los libros que tratan de libros pero necesito saber algo de ellos, claro. Otro narrador se mete en un soliloquio frecuentemente interrumpido que incluso le deja frases sin acabar. El tercero piensa, con el lenguaje propio de sus diez años, la aventura que está viviendo en la que apenas atisba el drama que le rodea.
Todos ellos hablan solos de lo mismo aunque al no ir acompasados el lector descubre retazos complementarios aquí y allí conforme avanza. Entremedias muchas reflexiones certeras sobre los médicos, el amor, las relaciones, la culpa y la muerte que te hacen pensar y querer más a Elena. Cosas como que el cine permite compartir más que los libros, que lo importante del sexo es lo que el otro te hace ver de ti mismo, que de los derechos del enfermo no se duda pero que nadie se ocupa de los de quien cuida…
Porque, digámoslo ya, el Mario de Delibes no era envidiable pero sí el de Andrés Neuman: es afortunado por tener a Elena. Una mujer capaz de escribir “querido mío, aquí la loca de tu viuda.” Una mujer, capaz de todo en una situación difícil. A mí, la Carmen de Delibes me inspiraba una cierta compasión pero el amor de Elena me admira. Ambas con un médico de por medio, por cierto (*). Y posiblemente ambas capaces de pronunciar que “el afán de coherencia de los hombres me espanta” aunque por razones bien distintas, porque son diferentes.
Una historia sencilla magníficamente contada en un paisaje neutro e imaginario a medio camino entre Argentina y España. Una historia que se hace cercana, que atrae, engancha y da qué pensar. ¿Qué más se puede pedir?
*Novela literaria
- Tiempo después me di cuenta de que había confundido dos libros de Delibes. En Cinco horas con Mario, Carmen tontea con un empresario de éxito con coche pero no es médico. El médico aparece mucho más sutil en El príncipe destronado,
