De nuevo un monólogo sencillo. En este caso el protagonista evoluciona más en menos tiempo y pasa de la duda a la conformidad y finalmente a la rebelión. De nuevo un lenguaje sencillo y directo que en este caso refleja bien la metáfora gigante que es el libro pues plantea constantemente reflexiones acerca del liderazgo, los gobiernos, las relaciones humanas, el sindicalismo… Plantea tantas cosas que se acaban diluyendo entre ellas en una amalgama simbólica en la que ni sé qué quiere expresar el autor ni me mueve a mí a profundizar en nada.
La historia transcurre en un entorno genérico y se remata en una ciudad transparente que sugiere tanto como complica. Uno no sabe si esa transparencia es una ironía de nuestras sociedades o una utopía equivocada. En realidad uno es libre, claro, de interpretarla como quiera. O de no interpretar nada en absoluto, que ha sido mi caso. ¿Qué sentido tenía la adopción de un niño encontrado? ¿Es todo una alucinación?
Ray Loriga adorna levemente la prosa con algunos comentarios acerca del amor perp la historia se queda demasiado sola y al estar un tanto coja, se sostiene mal. Quizá lo mejor me parezca la sencillez del lenguaje que, aunque no basta, sí tiene su valor. Por ejemplo, se agradece que deje de lado expresiones como “practicar sexo”, “hacer el amor”, “mantener relaciones sexuales” y tantas otras alambicadas para las que tenemos palabras mucho más sencillas y directas que aunque resulten malsonantes son mucho más expresivas. Pero creo que una prosa sencilla tiene que contar cosas más interesantes o acompañarse de algo de belleza.
*Novela-ensayo
