Me gustó la crítica que leí al respecto de que el libro te enseñaba a esperar de otra manera pero la verdad es que no he encontrado mucho de eso. A cambio, un ensayo literario que tiene imágenes bonitas: el sueño como ensayo de la muerte, ama más quien más espera, el mejor arma de las sirenas es su silencio, el que no sabe esperar se roba a sí mismo…
El libro te lleva a las esperas románticas de las heroínas literarias y también hace referencia a las esperas de no hace tanto: las cartas o el teléfono que no suena. Esperas que hoy se han acortado muchísimo pero en las que se cumple eso de que cuanto más tiempo ahorras, más te falta. En este sentido es cierto que los avances tecnológicos han de relativizarse un poco. Con los ordenadores, un plano para construir una casa se corrige tan fácilmente que ahora hay que corregirlo casi a diario. Los proyectos de construcción, que hace cuarenta años cabían en una delgada carpeta, ahora ocupan varios cajones. No, los avances siempre son algo menores de lo que parece.
Pero tras un arranque evocador, Andrea Köhler se pierde en un mar de citas bibliográficas que no me aportan gran cosa y divaga con poca sustancia para mí. O demasiada, no sé.
La traducción es buena y se nota en que hay algunas reflexiones que no son fáciles sobre el significado de palabras. Eso me hace pensar que es posible traducir bien, que hay libertad para adaptar la traducción a lo que sea necesario abandonando la literalidad sin sentido. Si tantas veces no se hace debe ser porque es mucho más barato que una máquina aporte la literalidad y contratar sólo una somera revisión.
*Pensamiento
