Otro libro que trata del miedo a envejecer, a morir, a retirarse; en este caso mezclado con la condición de emigrante que vuelve a su patria al final de sus días. Más o menos autobiográfico, va de un escritor griego afincado en Suecia que vuelve.
El tema me interesa pero Theodor Kallifatides no me llega nada. Me gusta el intento de relacionar sus problemas con la lengua en la que habla o escribe. Me gusta esa conclusión de que para no saber qué decir es mejor usar la lengua materna. Y particularmente cómo expresa las diferencias fundamentales que hay entre los idiomas, que dificultan tanto las traducciones porque con frecuencia no hay equivalencias precisas y las relaciones no son unívocas. También me gustan sus reflexiones acerca de los dilemas de la democracia o que en Suecia sólo a los muertos muy muertos se les honra con calles. Así no hay que andar cambiando el callejero por motivos políticos.
Pero todo eso es muy poco, apenas unas líneas para cada cosa y en medio casi nada. Incluso para un libro tan pequeño como éste resulta muy escaso. Más parece un libro que gustará a sus lectores asiduos porque le conocerán mejor, como a mí me pasa con algunos de los prólogos de Almudena Grandes. Pero con un prólogo, por mucho que se hinche, no se hace un libro. Y menos si además la traducción es mejicana y aparecen expresiones como que te corrieron de la Saab, que la situación ameritaba ponerse calzoncillos o que ordenan cerveza. No es que sean muchas las ocasiones en las que la traducción chirría tanto para un español pero si el libro me transmite poco más que el ombliguismo del autor, con esas cosas aún me llega menos.
*Novela literaria
