El mosquito ha causado más muertes que cualquier guerra o catástrofe en la historia de la humanidad. Pero más de quinientas páginas repitiendo eso mismo en diferentes situaciones históricas resulta aburridísimo. A Timothy C. Winegard le habrían bastado cien páginas o menos. Y en mi opinión, no le disculpa que haga un repaso de la historia universal por dos razones:
La primera, porque, pese a la lección de historia, dos terceras partes de las páginas está repetidas dado que el mosquito y sus efectos varían poco o nada de cuando picaba a Alejandro Magno a cuando lo hizo al abuelo del autor en la primera guerra mundial.
La segunda, porque el tercio de páginas restante no es más que un repaso de tópicos y lugares comunes de lo más archiconocido de la Historia. Ni para refrescar conocimientos aporta gran cosa y mucho menos teniendo que entresacarlos de tanta repetición.
Por supuesto, entre los tópicos no podía faltar el genocidio español en América y eso a pesar de que en algún momento menciona la política de exterminio de los bisontes del norte para acabar con los apaches. En una frase destacada llega afirmar que los pieles rojas desaparecieron de los EEUU por una serie de desgraciados acontecimientos. Me parece increíble que la evidencia de en dónde han quedado indios y en dónde no, siga teniendo menos peso que el testimonio, malinterpretado, de Las Casas. Y eso por no hablar del racismo que sigue afectando a los blancos descendientes de los ingleses en EEUU mientras en Hispanoamérica existía muchísima población mestiza antes incluso de que Lincoln aboliera la esclavitud. Lo peor, con todo, no es que lo diga un canadiense sino que le hagan eco los españoles.
Igualmente destaca la mofa que hace de Colón por creer que había llegado a Asia. Como la mención de las civilizaciones indígenas, que según él eran prósperas hasta la llegada de los españoles. Se equivoca: una cosa es que, visto con los ojos de hoy, el trato que recibieron los indios fuera inhumano y otra que aquello fuera un modelo de civilización. O que las cosas hubieran sido diferentes unos años después o con otros colonizadores.
En el capítulo de errores, no hace falta ser historiador como pretende el autor para saber que Chinchón está en Madrid y no es una provincia peruana (junto con su condado aunque un conde viajara a Perú), o que cuando dice cornucopia en realidad quiere decir panoplia… Y aunque use el tono típico norteamericano que mezcla La guerra de las galaxias con Aníbal, referirse a éste como un general que vivió en el siglo III “ane” (antes de nuestra era) en lugar de AdC no hace sino demostrar su esnobismo. Y el de tantos otros.
*Historia
