Empieza, como tantas, con todo ya a medias y has de ir entresacando como buenamente puedes lo que pasa. No hay introducción, ni nada parecido a eso de planteamiento, nudo o desenlace. Desde la primera página te ves inmerso en lo que parece que va a ser el núcleo de la novela. Eso hace que la novela te enganche fácilmente.
Eso y una descripción hiperrealista que te hace sudar (en la novela hace mucho calor). Tan realista que te llegas a plantear que hasta las construcciones o carteles que describe deben existir. En un arranque de curiosidad traté de localizar alguno de los exteriores basándome en los nombre de las calles y en un colegio que menciona. Para mi sorpresa no sólo los encontré en Málaga sino que hasta pude ver las vallas publicitarias y las pintadas exactas usando Google Street View!

Foto de la pintada TE KIERO CULIYO que se describe en el libro.
Poco a poco uno se va dando cuenta de que se trata de historias paralelas, sin demasiada relación entre ellas y entre las que la narración va saltando sin solución de continuidad: una llamada telefónica conecta una historia con otra, lo que dicen por la radio en un sitio te traslada a otro diferente… Un poco como cuando en el cine, viendo una escena, el sonido de la siguiente se anticipa un poco extemporáneamente pero te hace la transición. Y la narración, que sigue siendo vibrante, empieza a agotar al lector. Sin capítulos, casi sin apartes, con una gran cantidad de personajes entremezclados, introduciendo muchos diálogos sin que se distingan de los pensamientos o del mismo narrador, faltando muchos signos de puntuación, apenas matizando algo con el uso anecdótico de tipografías diferentes para algunas cosas… Resulta un tanto caótico. Requiere de mucha atención viendo, además, como el meollo de las historias se va demorando una y otra vez mientras pasan páginas de reflexiones obsesivas de lo más diverso.
Al final, son tantas historias, tantas las interrupciones, que se pierde interés. Antonio Soler cuenta un único día malagueño de un coro de tipos de personas muy diverso que me ha recordado vagamente a La colmena pero al que le falta la consistencia de Cela. El censo final de personajes (que ya da una idea de la novela) sirve de epílogo y recordatorio si la lectura no ha sido muy atenta y para confirmar que, en ese caso, tampoco uno se ha perdido tanto…
*Novela literaria
