Yo creo que Rafael Azcona era más guionista que escritor de novelas. Ésta, sin duda, parece un guión en más de la mitad de las páginas. No sólo eso sino que uno no puede menos que imaginar a José Luis López Vázquez detrás de esos repetidísimos diálogos con lo que se arma la novela…
El comienzo, gracioso, se hace pesado en muy poco tiempo con el dúo de amigotes porfiando todo el rato. Conforme avanza, sigue pesadito aunque sorprende que cuente lo que cuenta en los años 60. No sé qué haría la censura… El problema es que no pasa de un cuadro de película de Ozores de los 60 hasta muy al final. Salvo por éste final, el paso del tiempo no le ha dado cuartelillo ni en lo que cuenta ni en cómo lo hace. Lo que debió tener de transgresor hoy nos da risa y en las novelas actuales no tienen tanto peso esos diálogos tan cinematográficos. Alguna frase afortunada y un final que salva los muebles es lo poco que nos queda para hoy día.
*Novela literaria
