Qué libro más estupendo para dejarte en la mesilla y leer un par de páginas antes de dormir. Como otros de su tipo, (los Diarios de Uriarte, por ejemplo), necesitan de pequeñas “diócesis” para saborearlos bien y no empacharse. El problema es que cuesta apagar la luz porque siempre apetece un cuento más.
Paraguas en llamas recoge una selección de los contenidos de un blog. Eso ya da una pista de que se trata de textos poco ambiciosos pero que por eso mismo pueden darse alegrías difíciles de encontrar en otros formatos. Y ése es el caso. Sorprendentemente bien escritos, llenos de humor, certeros particularmente para los que compartimos esa edad de los diagramas de Venn, Mompracem o Ramalama ding-dong, resulta delicioso ir desgranando los artículos. Muchas veces absurdos del tipo de los hermanos Marx, otras veces más cotidianos, se atreve a hablar de subnormales, de la pelmada del Quijote, con el desenfado de quien ocultaba cuidadosamente su identidad en la red.
Sin embargo a través de los disparates emerge un marido y padre a los que uno toma cariño. Con la Nueva, Umbrello y Fratello, el autor formaba una familia que me habría gustado conocer. Un catalán viajado de cuya conversación habría disfrutado seguro. Jordi Mestre murió relativamente joven y quizá por ello sus escritos han alcanzado una difusión mayor gracias a Enrique Vila-Matas y Pepitas de calabaza. Por cierto, un magnífico prólogo para una edición extraordinaria.
*Pensamiento
