Una historia de dos chavales en la segunda guerra mundial que viven sus vidas por separado hasta que al final se cruzan un momento, un momento importante, eso sí. Y los conoces desde que son niños, se cruzan de jóvenes y se hacen ya muy mayores con los años, prólogo, narración, epílogo y recontraepílogo. No te vas a quedar sin saber el final precisamente…
Decididamente voy a cambiar de sistema de seleccionar libros. Eso de aceptar recomendaciones sin cribar está claro que es un craso error. Y el libro de Anthony Doerr, uno gordísimo. Para empezar, es un libro que va para novelón de verano, de los que se venden al peso: más de 650 páginas. Pero como buen novelón playero, engañosas porque una tercera parte están vacías por el sistema, bien conocido, de hacer capítulos de un par de páginas y perder por tanto media página en el final de cada uno y media página en cada principio. Y si sólo fuera ése el engaño… Tres cuartas partes de lo escrito (por tanto nos estamos quedando con 3/4 x 1/3 = 1/4 nada más) son palabras huecas que no significan nada bajo la apariencia de una poética sensiblera. “La crisis se cierne sobre ellos como la severa geometría de los molinos…” “Una habitación limpia y navegable…” “Cucharadas de una luz húmeda…” “Los huevos saben como nubes, como hilos de oro…”… El autor, más que imaginación exhibe una verborrea incontenible de sandeces encadenadas.
A ello hay que añadir un tono grandilocuente agotador que no da tregua. Cuando la protagonista va a entrar en un sótano, éste resulta ser “hogar de ratones, de humedad y de un olor desagradable a moluscos abandonados como si una ola gigante se hubiera descargado décadas atrás y todavía no se hubiera retirado del todo…”. Uno espera que se le aparezca entonces Neptuno con su tridente por lo menos pero no, está bajando al sótano de su casa porque hay un bombardeo, cosa que habrá hecho ya en innumerables ocasiones y que, efectivamente no tiene nada que especial que reseñar. Bueno, sí, ese olor a moluscos abandonados que supone que todos conocemos pero que, por si no fuera así, se nos evoca con la ola ésa tan vieja.
Podríamos pensar entonces que estamos ante un novelón de pacotilla, facilón… pero tampoco. Ya se ocupa el autor de malcopiar a otros mejores y desordenar absurdamente la narración para que resulte complicada de seguir. No se me ocurre otro motivo porque las dos vidas que han de cruzarse no tienen en común ni como contrapunto ni relación alguna más que la similitud de edades. Por si fuera poco, aunque el libro es exhaustivo en sus epílogos, resulta ridículamente oscuro en cada capítulo. Apenas puede uno saber ni dónde ni cuándo pasan las cosas, ni siquiera qué pasa exactamente. Cada micro capítulo es casi un pequeño acertijo para el lector.
Pero si aún hay alguien dispuesto a entresacar esas ciento cincuenta páginas que cuentan algo, ordenarlas aclararse y piensa descubrir una historia de amor, de heroísmo, o policiaca, o de guerra… o simplemente de triangulación para detectar emisiones radiofónicas, abandone toda esperanza: todo eso está pero no es. De todo hay un poco, sí, pero ninguno de esos hilos forma una historia que se pueda resumir porque no hay tal, ni los hilos casan entre sí ni todos juntos forman una urdimbre reconocible.
Vaya castaña.
*Novela de intriga
