Madrid

Andrés Trapiello

Guillermo del Campo
Fecha: 4 de mayo de 2021
Categoría: Sin categoría

Andrés Trapiello me parece un escritor puro, de esos que escriben bien cuenten lo que cuenten incluso cuando tienen poco que contar. Y conste que no es el caso de Madrid, en donde hay mucho que contar y se cuenta. Lo que ocurre es que sus tramas no acaban de convencerme. En cambio sus pasos perdidos, sus artículos, resultan siempre agradables.

Madrid es un libro lleno de cosas interesantes, muchas de ellas de Madrid, que se lee con gusto por la prosa sencilla pero cuidada del autor. No tiene empacho en utilizar bien las palabras y uno puede aprender algunas pero no cae en lo redicho. Como Landero, también inventa las que necesita para dar con el tono preciso a la narración: errabundaje, vagamundos… a lo que se añade su particular adopción de mucho vocabulario de uso común: resulta que yo dibujaba con rotrin, celebraba San Yordi, e iba a Euscadi. Esa prosa y lo que cuenta hacen de Madrid un magnífico libro… deslavazado pese a sus esfuerzos por ponerle un poco de orden. Se repite un poco, tiene unos retales a modo de anexos de dudoso interés general… como bien dice, ha hecho un cajón de sastre (en algún foro he visto escrito “cajón desastre” lo que no deja de tener su gracia) donde ha puesto una parte de su vida. Es Madrid en la vida de Trapiello. Pero es que Trapiello tiene su interés o sabe hacerse interesante, no sé.

Otro punto atractivo es que no se corta con las críticas cuando le parecen más que justificadas y así se atreve a calificar a la catedral de la Almudena como la más fea de España (yo creo que se queda corto) , equipara a Largo Caballero con Franco y al 36 con el 34, alaba a Chaves Nogales y a su “A sangre y fuego”… En cambio no aprecia a El Greco ni a La colmena, con lo que disiento profundamente.

Dice bien que en Madrid no hay maquetos ni charnegos, sólo madrileños y es verdad. Pero siendo así, los madrileños con cuatro abuelos castizos saben más de su ciudad que quienes llegaron a los dieciocho años, naturalmente, que a veces hablan de oídas: Trapiello confunde La Pajarita con La Violetera, y el cerro del Pimiento con la actual calle Hilarión Eslava, más bien llanita ella. Pese a esas cosas, es un libro que evoca recuerdos de los que vivimos en Madrid: la hucha luminosa de la Caja de Ahorros que yo veía embelesado de niño o de Casa Gades, donde descubrí que mi abuela estudió Ciencias Químicas y conocía a Clara Campoamor y a tantos otros de la época y, sobre todo, me trae recuerdos de cenas muy gratas. Como bien dice Trapiello, cuantos mejores amigos he creído tener y cuanto más les he admirado, tanto mejor me han parecido los restaurantes en los que he comido y cenado con ellos. Tan bueno que aunque con el paso del tiempo algunos de los unos y de los otros han resultado ser mediocres, los recuerdos de los buenos ratos y de los sitios donde sucedieron perduran agradables.

*Saber

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