Otro éxito inesperado (un relato-ensayo de una albanesa que vivió la caída del comunismo de su país en su adolescencia no me parecía muy sugerente) pero que resulta verdaderamente interesante y ameno. Tiene una mezcla de humor, ironía, ingenuidad (la de una niña de diez años atrapada entre el Partido y su familia) que hacen el relato muy entretenido a la vez que evoca numerosísimas reflexiones.
La principal, que también aparece en Revolución, es que la libertad individual no puede supeditarse a la de la colectividad por elevados que sean los ideales y por imperfectas que puedan ser las sociedades que la protejan. De nada sirve que el pueblo portugués fuera más libre si los portugueses lo eran menos. Lea Ypi dice de sí misma que es hija de una sociedad en la que el comunismo impregnaba todos los aspectos de la vida (el totalitarismo) y de una familia que se rebelaba en silencio temeroso. Y no porque la familia fuera precisamente contrarrevolucionaria (se alistaron a las Brigadas Internacionales en la guerra civil española) sino porque sabían lo que era la Libertad y que ésta no podía sustituirse por la nueva religión del comunismo. Se entiende así la respuesta rotunda del Pablo Iglesias actual ante la pregunta “¿Pablo, comunismo o libertad?” porque para él no se trataba de elegir entre dos cosas buenas sino entre lo único que le importaba y otra irrelevante (aunque intentara luego combinarlo todo para venderse mejor).
Los totalitarismos son así y marcan tan profundamente que resulta difícil despojarse de su adoctrinamiento. Lea Ypi resalta muy bien las contradicciones del liberalismo y cómo obligarte o no dejarte hablar no es la única manera de coartar la libertad: también una sociedad puede tener una organización que impida a la gente aspirar a lo que desea. En el régimen comunista los albaneses no tenían permitido viajar a Italia (huían unos pocos como refugiados políticos que servían de propaganda al capitalismo) y cuando cayó el sistema, no podían hacerlo porque Italia no los acogía (habían pasado a ser emigrantes y muy numerosos). Todo ello son imperfecciones, cosas a mejorar, pero no es comparable que no te dejen salir de tu casa con que el vecino no te deje ir a vivir a la suya. La autora intenta hacer esa comparación, bien que muy tímida, casi como si tuviera que pagar una pequeña cuota a su profesora Norma: “mi mundo está tan lejos de la libertad como aquel del que mis padres intentaron escapar”, concluye desde su despacho en Londres. “Una sociedad que permite a sus ciudadanos desarrollar su potencial humano pero que no cambia las estructuras que impiden que todos progresen es igual de opresora” (que los totalitarismos). No, igual, igual, no lo es en absoluto y todo el libro menos esas dos frases de su epílogo dan fe de ello porque, como explica también en esas últimas páginas, las Ideas, con mayúscula, aplastan la libertad cuando no se convierten en personas. Son esas personas, con sus contradicciones, y la libertad individual las que han hecho de Lea Ypi una magnífica narradora.
Traducción de Cecilia Ceriani:
La traducción (que debe ser del inglés) es estupenda, apenas se nota que lo sea salvo en algún detalle tonto (apellidos en vez de apodos, por ejemplo).
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*Sucedido
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