Se trata de una explicación del pensamiento de Kant aplicada a los tiempos que corren, un poco como hacía Martínez-Bascuñán con Harendt, algo que siempre viene bien para pensar un poco sin tener que releer los textos originales. Claro que yo no sé tanto de Kant como para ver lo acertado de las reflexiones de quien lo interpreta pero en todo caso ayuda a darle vueltas a las cosas. Curiosamente, hay puntos en los que este libro se toca con el que mencionaba sobre Harendt: el sapere aude de Kant exige atreverse a pensar por uno mismo pero nunca en solitario, es imprescindible el diálogo con los demás.
De Kant me gustan varias cosas: una, que valora la coherencia y el esfuerzo por sí mismos, con independencia del resultado, algo que en el mundo de la eficacia que tenemos se valora muy poco. Curiosamente, aunque hoy cualquiera entiende que los entrenamientos físicos sirven para mantenerse en forma, se busca denodadamente la utilidad de lo que se estudia como si el mero esfuerzo de practicar con los logaritmos, por poner un ejemplo, no sirviera para nada. Ordine iba por ahí en La utilidad de lo inútil aunque a mí me pareciera que se quedaba en el título.
De todas maneras, si me animé a leer este Gracias a Kant fue para profundizar en algo que recordé con La paz perpetua de cuando de joven y le daba vuelas a la religión. Kant no necesitaba a Dios para elaborar sus planteamientos. Tenía cabida en ellos pero no era imprescindible. Hace muchos años ese pensamiento me agobiaba un poco pero con el tiempo dejó de hacerlo y releerlo ahora ha sido agradable. Posiblemente Kant en esto resultó escandaloso y por ello, una vez afirmada la no necesidad de Dios, se empeñaría en que le cupiese en todas partes haciendo un seguidismo muy apropiado para la época. Hoy casi hay que hacer lo contario.
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*Pensamiento
