Siempre he dicho que me parece mucho más fácil escribir una buena novela corta que larga pero eso no quita lo mucho que se disfruta con los buenos libros como éste. La solapa del libro presume de que Francoise Sagan lo escribió con dieciocho años. Sin duda, tiene mucho mérito y me animará a leer algún otro libro de ella pero lo que me interesa es que Buenos días, tristeza es una magnífica novela y lo fue antes de que la autora saltara a la fama por este libro y por otros muchos motivos. En su momento debió resultar muy transgresor. Hoy, en cambio, es difícil sustraerse a la vida de la escritora y no relacionarla con la novela. La indolencia tolerable a cierta edad y circunstancias quizá es más condenable si se prolonga pero la novela no llega más allá.
Buenos días, tristeza tiene su primer acierto en el título, que resume también el final. El existencialismo ligero de la protagonista, Cecile, que se resiste a abandonar la adolescencia, y de su padre, que reniega también de su propia madurez, encuentran un contrapunto en la seriedad de la última novia de su padre, Anne. Junto con la novia recién desbancada se forma un triángulo femenino en torno al donjuán.
La novela traslada estupendamente el aire perezoso e indolente tanto del verano como de Cecile. También nos hace sentir las contradicciones que siente Cecile al intentar prolongar casi de modo infantil su inconsciencia más allá de lo que en realidad le corresponde. Una lucha entre lo cómodo y la realidad que llama a la puerta de sus casi veinte años atormentándola. Quizá lo mejor es que en el libro no acaba de salir de ese marasmo. No hay apenas moralina, al contrario de lo que cabría esperar, aunque las consecuencias sean terribles. Cecile carece de fuerza para despertar del todo y tomar las riendas de su vida como sabe que habría de hacer. La experiencia vivida sólo le sirve para descubrir la tristeza. Por otra parte, es una chica muy joven y de huérfana de madre por lo que no deberíamos juzgarla con excesiva dureza si no se pone «intensita», dejémosla estar. (Agradezco a mi amigo Marino la palabra, que es muy apropiada al caso).
Sólo criticaría que Anne tiene un envaramiento difícil de creer pero, a cambio, los personajes son reales, ni buenos ni malos, que en una escritora tan joven me parece más que sorprendente.
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Traducción: Javier Albiñana:
La traducción me parece buena aunque usa una rara acepción de “galante” y que junto con el mal uso de “feroz”, es algo molesto. El adjetivo galante no suele aplicarse a las mujeres, pero en todo caso significa atento, cortés, obsequioso, y se me hace extraño verlo como sinónimo de frívola o casquivana. Tampoco atina siempre con “suntuoso”, que es algo difícilmente relacionable con un accidente.
Pág. 14. Una chica alta y pelirroja, entre galante y mundana.
Pág. 41. Contábamos con todos los elementos de un drama: un seductor, una mujer galante y una mujer juiciosa.
Pág. 45. Se volvió a nosotros con expresión lánguida, inspirada, según me pareció, en el cine americano, e imprimiendo a su entonación diez años de galantería francesa
Pág. 92. Mi padre ya era mayor y no podía pasarse la vida con mujeres galantes.
Pág. 43. Jueguecillo feroz.
Pág.81. El deseo de apartarla de mi padre es feroz.
Pág.102. Anne parecía tener una idea bastante feroz al respecto.
Pág.175. Anne nos había hecho el suntuoso regalo de dejarnos una enorme posibilidad de creer en el accidente.
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*Novela
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