Reseña La paz perpetua Kant

La paz perpetua

Immanuel Kant

Guillermo del Campo
Fecha: 23 de abril de 2025
Categoría: Pretextos

Famoso ensayo de Kant sobre lo que reza el título: cómo conseguir La paz perpetua entre los estados. A finales del SXVIII resultaba de plena actualidad con los estados-nación recién alumbrados por la Revolución Francesa, inmersos en las guerras revolucionarias y con las guerras napoleónicas a punto de comenzar. En ensayo, cortito aunque de estructura algo extraña asemejada a las disposiciones legales, tiene ideas muy interesantes: que las personas nos regimos por una moral de la que los estados carecen o que el estado natural es más la guerra que la paz y evitarlo es consecuencia de los males que la guerra inflige a las personas. La soberanía de un estado debe residir en el pueblo mejor que en una aristocracia (y que en una autocracia) pero para evitar el despotismo no basta la democracia sino que se debe asegurar una forma de gobierno que garantice la separación de poderes, la libertad y la igualdad de los ciudadanos y el estado de derecho.

Sin embargo, el motivo de que leyera a Kant ha sido un artículo de Omri Bohem que cayó en mis manos y que versaba sobre lo que debe ser el recuerdo. Kant distingue entre lo que debe ser un tratado de paz, encaminado necesariamente a la paz perpetua y por tanto ajeno a cualquier reserva mental que mantenga algún conflicto, y un mero armisticio, que sólo será un paréntesis en la guerra. Es ese tratado de paz ideal, aquél que borra las causas de discordia pasadas, presentes y futuras el que plantea la pregunta de Bohem sobre qué es olvidar en relación con el Holocausto.

Bohem se pregunta primero si debe ser la justicia el anhelo a perseguir cuando se critica el olvido. Distinguiendo entre la Historia y la memoria, considera que la primera sólo mira al pasado en tanto que la segunda ha de establecer bases para el futuro. Los judíos tienen muy presente que deben recordar la Historia pero Bohem se pregunta si la memoria debe tener por objetivo la Justicia o debe ir más allá en busca de la Paz. Porque, hasta si arrasar Gaza pudiera considerarse un acto de justicia (la venganza también es justicia), lo que es indudable es que no propiciará la paz. Las atrocidades de los campos de concentración no tienen reparación posible y, por tanto, no cabe la justicia. En cambio, su recuerdo, la memoria, sí puede buscar la paz.

Y, más cercano a mí, me hace pensar si nuestra Transición, lejos de ser la amnesia con la que se la moteja ahora, no fue sino un ejercicio de memoria que iba mucho más allá de un armisticio. Payne, y tantos otros, la valoran así. Posiblemente a lo largo de los cinco o seis años de la Transición de 1975 sí se alcanzó el acuerdo de paz perpetua, sin reservas, del que habla Kant. Y así se mantuvo cuarenta años después hasta que, faltos de enfrentamientos actuales que alimentaran la polarización, se optó por echar mano de una historia (con la minúscula propia de cada uno) para reeditar los viejos. Malo es buscar el enfrentamiento peor es hacerlo a costa de negar nuestros méritos colectivos.

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*Ensayo

 

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