Lo cogí con poco interés pues muchos de estos llamados hispanistas llevan exprimiendo los mismos estudios más de setenta años. Kamen, Payne, Thomas, Preston, Gibson, Elliot, Jackson… repiten sus libros de diversas maneras una y otra vez. También es verdad que, gustándome releer, no está mal una relectura actualizada y, efectivamente, ésta ha incorporado estudios recientes de Fernando del Rey, Manuel Álvarez Tardío, Preston, Roca Barea, Tuñón de Lara, y otros muchos.
En defensa de España es un repaso por nuestra historia poniendo en comparación con otros países los diversos mitos y leyendas más habituales. No es que los niegue por completo pero los relativiza.
Payne explica que el modelo español de colonialismo, de extensión del país y sus instituciones, difería mucho del modelo holandés consistente en establecer compañías privadas para la explotación de los recursos. Que para los españoles resultaba mucho más difícil el racismo que para los ingleses, cuya emigración, cuando se acabó produciendo, se basó en familias completas que recreaban sus sociedades de origen con bastante fidelidad, cosa que no podían hacer los conquistadores de Hispanoamérica. También constata que el mito de la Inquisición ha llegado a provocar más rechazo incluso que Auschwitz de la misma manera que Franco ha generado mucho más rechazo en las personas nacidas a partir de los setenta, a quienes contaron la dictadura, que entre aquellas personas nacidas que realmente la vivieron. Doy fe.
Payne dedica muchas páginas a nuestra historia más reciente, desde la II República a la Transición e incluso a la época de Zapatero. Aunque a muchos de quienes nos la han tenido que contar les resulte imposible de aceptar, un historiador tan alabado por la izquierda en los setenta insiste en que la república era una democracia muy poco democrática. Insiste en que el PSOE trabajó directamente para acabar con la República e imponer la dictadura del proletariado. Lo hizo directamente en 1934 y siguió en ello con el Frente Popular tratando de provocar un levantamiento para poder aplastarlo y lograr sus propósitos. Insiste en que la constitución del 31 no era respetada ni por sus propios autores y en que nuestra guerra civil enfrentó a socialismo y fascismo sin que las ideas democráticas tuvieran la menor cabida en ninguno de los bandos.
Yo aprendí esta parte de la Historia con Payne, Thomas, Preston, Gibson… historiadores considerados entonces como objetivos y a los que hoy se tacha de ultraderechistas. Payne lo explica citando a otros muchos y muy variados colegas al analizar estos últimos años en los que se ha producido esa transformación: la llamada memoria histórica de Zapatero, luego memoria democrática, no es más que el intento de imponer un pensamiento único sobre el pasado, acorde con el presentismo de moda que considera que sus ideas, por recientes e inciertas que sean, deben aplicarse universal e intemporalmente.
Payne sí valora la Transición como un proceso de concordia en el que, sin olvidar nada, se miró hacia delante para sentar como diputados lo mismo a dirigentes de Franco que de la República por que se pretendía no repetir el error de 1931 de no dejar espacio al que pensaba diferente. Finalmente comenta algo que sí nos hace únicos: aunque todos los países tienen sus tensiones internas en las que unos u otros tratan arrimar la Historia a su sardina, España es posiblemente el único país del mundo en el que una parte considerable de sus élites están dispuestas a negar la mera existencia de la nación española. Como si Leovigildo, Colón al bautizar la primera isla del caribe, Carlos III, Goya, Riego… hubieran sufrido una especie de alucinación colectiva que les hizo creer en algo que nunca existió. Es a ésos a los que se dedica la estupenda portada.
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*Historia
