Con un aspecto similar a El infinito en un junco y un comentario de Irene Vallejo en la contraportada, la verdad es que tuve la sospecha de un truco editorial pero me equivoqué. Efectivamente La escritura de los dioses sigue en la línea de Vallejo aunque centrándose muy concretamente en la escritura egipcia y sus jeroglifos. Como tantas cosas, la escritura surgió de las necesidades del comercio (que parece que es lo que ha movido siempre al mundo). Comparte algo de la pasión del junco y aporta, para bien y para mal, eso de los divulgadores americanos que a la vez se hacen amenos y un poco triviales o incluso absurdos. Son esos ejemplos ridículos que salpican sus libros, tales como que “el código Enigma es tan imposible como un acantilado” (P35) lo que estropea una lectura que, por lo demás, resulta interesantísima.
El libro versa sobre cómo se descifraron los jeroglifos, un proceso lento y pesado que pone al descubierto, y eso es lo que me parece más apasionante, el alto grado de abstracción que tiene la escritura. En medio de una especie de relato de carreras científicas se deslizan muchas reflexiones acerca de cuestiones que nos parecen sencillas pero que sin duda no lo son. Por ejemplo, cuenta que hay muchos jeroglifos que son “determinativos”, es decir, que ni se pronuncian ni tienen otro objeto que acompañar al jeroglifo principal para ayudar a su comprensión. Evidentemente, a la hora de descifrar los jeroglifos, eso supuso una dificultad añadida pues unos tenían significado propio y otros no. Y cuando nos pensamos que los egipcios eran unos locos de la complejidad al emplear semejantes “determinativos” caemos en que en español hay letras mudas que ayudan a distinguir “habría gente” de “abría la puerta”, que el punto de la “i” carece de significado en relación con los que figuran al final de las frases… vamos, que cada lengua tiene un altísimo grado de complejidad que sólo su cotidianeidad nos permite dominar.
Un ejemplo de abstracción mal usado es el que figura en la primera página cuando menciona que el Nilo fluye de sur a norte, lo que parece contrario a la naturaleza. Lo cierto es que los ríos fluyen desde lo alto a lo más bajo y no dependen, como era de esperar, de cómo coloquemos el mapa ni de nuestros polos. Pero aunque erróneo, es un buen ejemplo de cómo el libro resulta atractivo desde el principio. Incluso desde el prólogo, felizmente ajustado a una sola página para captar nuestra atención por entero.
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Traducción: Victoria León
La traducción es más difícil que otras pues el mero hecho de hablar de la lengua ya complica y los ejemplos que ponga el autor no pueden traducirse directamente. Por ese motivo y porque en general es bastante correcta, considero que el trabajo de Victoria León es bueno. Sin embargo, quizá porque debe ser imposible comer de la perfección, la traducción adolece de errores de bulto. “But” en inglés no siempre funciona como conjunción adversativa, a veces es copulativa, y traducirla siempre por “pero” es un error que dificulta entender lo que pone. También emplea «obsequiar» sin la obligada preposición «con», (al parecer en México sí se usa sin ella pero no en el español de la traductora). Otros errores son menores, como escribir “señales de albañil” en vez de “marcas de cantero”, porque se trata de algo más técnico que la traductora puede desconocer por completo. Pero, en todo caso, faltan notas a pie de página que ilustren la profusión de ejemplos a la que son tan aficionados los estadounidenses y que carecen de referencia en España porque no tenemos el programa de televisión, etc.
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*Ensayo
