Los tebeos de Colo son una maravilla de dibujo, (¿de Rotring?) y color. Además, uno disfruta reconociendo las estampas madrileñas en las que enmarca la narración. En Animal, Jesús Colomina se regodea con todo ello y hace algo parecido a estudios de diversos rostros en tantas páginas de entrevistas que tiene y las viñetas de Madrid casi dan para una guía turística. Sale hasta la casa de mis padres.
A diferencia de Hoy es un buen día para morir, donde se dispersaba un poco la trama, aquí el guión es monotemático: se alternan dos páginas en las que sucede algo con los páginas en las que se entrevista a alguno de los intervinientes anteriores. Y todo en torno a un personaje casi mudo que, por alguna razón que no se aclara, decide que quiere dejar de ser persona desde un punto de vista legal. Poco a poco iremos atisbando que esa decisión tuvo duras consecuencias que aparecerán en el último tercio del tebeo pero las 130 páginas anteriores se acaban haciendo pesadas, primero por repetitivas y segundo por la tontería ésa de dejar de ser persona.
Sin embargo, cuando uno cierra el tebeo, la tontería de negar una realidad tan obvia como que uno es una persona lo quiera o no, deja de serlo tanto: los inmigrantes sin papeles tienen parecidas dificultades a las de nuestro protagonista cuando quiere alquilar un piso. Quienes deciden cambiar de sexo han logrado que la realidad legal coincida con sus deseos y se deje de lado la realidad biológica. Hoy se quiere recoger el derecho constitucional de matar a los no nacidos negándoles la condición de personas mientras se elude el debate de cuándo una persona empieza a serlo (porque, de abordarse, el aborto resultaría incompatible con la defensa de la vida en toda circunstancia que defiende nuestra sociedad en los restantes casos).
En definitiva, que el guión puede resultar algo monótono pero en absoluto es tan extraño porque todos tenemos claro que somos personas pero no tanto a quiénes queremos beneficiar de esa condición.
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*Tebeo
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